22 de noviembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Elige a Cristo

Escogeos hoy a quién sirváis. Josué 24:15.

Dios emplea diversos medios para efectuar la salvación de los seres humanos. Les habla por medio de su palabra y de sus ministros, y mediante el Espíritu Santo les envía mensajes de amonestación, reprensión e instrucción. Estos medios tienen el propósito de iluminar la comprensión de la gente, revelarles sus deberes y sus pecados, además de las bendiciones que podrían recibir; de despertar en ellos un sentido de su necesidad espiritual, para que acudan a Cristo y encuentren en él la gracia que necesitan. Pero muchos prefieren trazar sus propias sendas en lugar de seguir los caminos de Dios. No están reconciliados con Dios, ni podrán estarlo, hasta tanto hayan crucificado el yo y Cristo viva por la fe en sus corazones.
Cada individuo, por decisión propia, o hace a un lado a Cristo al rehusar la dirección de su Espíritu y al negarse a seguir su ejemplo, o se empeña en una unión personal con Cristo mediante el sometimiento del yo, la fe y la obediencia. Cada uno de nosotros, individualmente, debe elegir a Cristo, porque él nos escogió primero. Los que por naturaleza están enemistados con Cristo, deben llevar a cabo esta unión con él. Se trata de una relación de dependencia total, a la que el corazón orgulloso se debe someter. Esta es una obra íntima, y muchos de los que profesan seguir a Cristo no saben nada acerca de ella. Han aceptado nominalmente al Salvador, pero no como el único gobernante de sus corazones.
Algunos experimentan la necesidad de la expiación, y este reconocimiento sumado al deseo de un cambio de corazón, produce una lucha en su interior. Pero el renunciamiento de la propia voluntad o tal vez de los objetos elegidos de sus afectos o de sus afanes, requiere un esfuerzo frente al cual muchos vacilan, se desaniman y vuelven atrás. Sin embargo, cada corazón verdaderamente convertido debe pelear esta batalla. Es indispensable que ganemos la victoria sobre el yo, que crucifiquemos nuestros afectos y pasiones, y así comienza la unión del alma con Cristo. Así como una rama seca y aparentemente sin vida se injerta en el árbol verde, así también nosotros podemos llegar a ser ramas vivas de la Vid Verdadera. Y el fruto que Cristo llevó también se verá en todos sus seguidores. Una vez que esta unión se ha formado, se puede preservar mediante un esfuerzo continuo, ferviente y esmerado. Cristo ejerce su poder con el fin de preservar y guardar esta sagrada unión, y el pecador impotente y dependiente de él necesita hacer su parte con una energía incansable…
Cada cristiano debe mantenerse continuamente en guardia y vigilar cada avenida del alma por donde Satanás pudiera hallar acceso. Debe orar en demanda de ayuda divina y al mismo tiempo resistir resueltamente cada inclinación hacia el pecado. Todos pueden vencer mediante el valor, la fe y el esfuerzo perseverante. Pero recuerden que para ganar la victoria, Cristo debe morar en ustedes y ustedes en Cristo… Los frutos del Espíritu Santo pueden producirse únicamente mediante una unión personal con Cristo, por medio de una comunión diaria y constante con él.—Testimonies for the Church 5:46-48.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

Compartir
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*