22 de agosto | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White

Nos ayuda a comprender la naturaleza

«Altísimo Señor, ¡qué bueno es darte gracias y cantar himnos en tu honor!
Anunciar por la mañana y por la noche tu gran amor y fidelidad, al son de instrumentos de cuerda, con música suave de arpa y de salterio.
Oh Señor, ¡tú me has hecho feliz con tus acciones!¡Tus obras me llenan de alegría! Oh Señor, ¡qué grandes son tus obras!». Salmo 92:1-5, DHH

EL SER HUMANO por sí mismo es incapaz de leer debidamente las enseñanzas de la naturaleza. Si no lo guía la sabiduría divina, el hombre exalta la naturaleza y sus leyes y las sobrepone al Dios de la naturaleza. Por eso las meras ideas humanas respecto de la ciencia entran tan a menudo en contradicción con la enseñanza de la Palabra de Dios. Pero para los que reciben la luz de la vida de Cristo, la naturaleza vuelve a iluminarse. En la luz que brilla desde la cruz podemos interpretar acertadamente la enseñanza de la naturaleza.— El ministerio de curación, cap. 39, p. 331.
En el plan de redención hay misterios que la mente humana no alcanza ni a imaginar, cosas que la sabiduría humana no puede explicar, pero la naturaleza puede enseñamos mucho con respecto al «misterio de la piedad» (1 Tim. 3: 16). Por lo tanto, permitamos que la mente de los jóvenes aprenda del libro de la naturaleza tanto como sea posible. Toda hierba, todo árbol que lleva fruto, toda vegetación se nos concede en nuestro beneficio. Han de leerse los misterios del reino de Dios en el crecimiento de la semilla. […]
El Señor decidió que la naturaleza fuera para el ser humano un libro de texto que lo apartara de la senda de la desobediencia y lo trajera de vuelta a Dios. Hay necesidad de un profundo estudio de la naturaleza bajo la dirección del Espíritu Santo. El Señor está dando lecciones objetivas, está familiarizando la mente humana con las verdades más santas, por medio de las cosas más sencillas de la naturaleza.— The Youth’s Instructor, 6 de mayo de 1897.
Cada rayo de sol, cada pedazo de pan, cada gota de agua, son dones del amor redentor, y ruegan al pecador que se reconcilie con Dios.— Manuscrito, 44.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*