22 de abril | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | La virtud de la abnegación

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20.

Mediante la fe Pablo se apropió de la gracia de Cristo, y esta gracia suplió las necesidades de su alma. Por la fe recibió el don celestial, y lo impartió a las almas anhelosas de luz. Esta es la experiencia que necesitamos… Orad por esta fe; luchad por ella. Creed que Dios os la dará.
Hay una gran obra que hacer en nuestro mundo. No es una quimera: Ante nosotros hay realidades vivientes. Por todas partes se ven las manifestaciones del poder de Satanás. Cooperemos con el que obra para restaurar y elevar, y no olvidemos que el que trabaja para Cristo debe obtener su fuerza de la Fuente de toda fortaleza… Los cristianos necesitan pensamiento poderoso, firmeza de voluntad y conocimiento que proviene del estudio de la Palabra de Dios. No pueden darse el lujo de llenar la mente de asuntos baladíes…
Aprended del que dijo: “Soy manso y humilde de corazón”. Mateo 11:29. Al aprender de él, hallaréis descanso. Día tras día obtendréis experiencia en las cosas de Dios; día tras día comprenderéis la grandeza de su salvación y cuán gloriosa es la unión con él. Constantemente aprenderéis mejor a vivir como Cristo, y constantemente creceréis más a semejanza del Salvador.
Si estamos dispuestos a morir al yo y a ampliar nuestra idea de lo que Cristo puede ser para nosotros y de lo que nosotros podemos ser para él, si nos unimos mutuamente en los lazos del compañerismo cristiano, Dios obrará con gran poder por medio de nosotros. Entonces seremos santificados por la verdad. Seremos realmente escogidos por Dios y estaremos dirigidos por su Espíritu.
Cada día de vida será precioso porque veremos en él una oportunidad de usar los dones que se nos han concedido para beneficio de los demás.—The Review and Herald, 30 de mayo de 1907.
Debemos olvidarnos de nosotros mismos en el amante servicio en favor de los demás… Puede ser que no recordemos algunos actos de bondad que hayamos hecho; quizá se hayan borrado de nuestra memoria. Pero la eternidad revelará en todo su esplendor cada acto realizado por la salvación de las almas, cada palabra pronunciada para animar a los hijos de Dios.—En Lugares Celestiales, 232.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White
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