20 de septiembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Beneficiar a otros

«El que es magnánimo, prospera; el que sacia a otros, será saciado». Proverbios 11: 25, RVC

PARA MUCHOS, LA VIDA es una lucha dolorosa; se sienten solos y desamparados, llenos de escepticismo. Creen que no tienen nada que agradecer. Las palabras de bondad, los gestos de solidaridad, las expresiones de gratitud, serían para muchos que luchan en solitario como un vaso de agua fresca para el sediento. Una palabra de consuelo, un acto de bondad, aliviaría la carga que doblega los hombros cansados. Cada palabra de ánimo y cada gesto de apoyo es una expresión del amor que Cristo sintió por la humanidad perdida.
«Los misericordiosos […] alcanzarán misericordia». «Quien es generoso prosperará, a quien ofrece de beber no le faltará agua» (Mat. 5: 7; Prov. 11: 25, LPH). Hay dulce paz para el espíritu solidario, una bendita satisfacción en la vida de servicio desinteresado por el bienestar ajeno. El Espíritu Santo que mora en el alma, y que se manifiesta en la vida, suavizará los corazones endurecidos y despertará en ellos compasión y ternura.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, pp. 44-45, adaptado.
Llegará el momento cuando la tierra se tambaleará y será sacudida como si fuera una choza. Pero los pensamientos, los propósitos y los actos de los servidores de Dios, aunque ahora no se vean, aparecerán en el gran día del castigo y la recompensa finales. Cosas que ahora están olvidadas se desvelarán entonces como testimonio para aprobar o para condenar.
El respeto, la amabilidad y la solidaridad, son algo que nunca se echa en saco roto. Cuando los escogidos de Dios sean transformados de la mortalidad a la inmortalidad, serán puestas de manifiesto sus buenas acciones y sus palabras de bondad, que se guardarán por toda la eternidad. Jamás se perderá ningún acto de servicio abnegado, no importa cuán pequeño o sencillo haya sido. Por medio de los méritos de la justicia imputada de Cristo, se preservará eternamente la fragancia de tales palabras y acciones.— Manuscrito 161, 1897.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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