20 de abril | Una religión radiante | Elena G. de White | Alegría y consuelo por la partida de Jesús

«Les digo la verdad, ustedes llorarán y se lamentarán por lo que va a sucederme, pero el mundo se alegrará. Ustedes se lamentarán, pero su dolor se convertirá de pronto en una alegría maravillosa». Juan 16: 20, NTV

CUANDO VIERAN A SU Señor traicionado y crucificado, los discípulos llorarían y ayunarían. Con las últimas palabras que les dirigió en el aposento alto, dijo: «“Dentro de poco ya no me verán”, y “un poco después volverán a verme”. Ciertamente les aseguro que ustedes llorarán de dolor, mientras que el mundo se alegrará. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría» (Juan 16: 19-20, NVI).
Cuando saliera del sepulcro, su tristeza se convertiría en gozo. Después de su ascensión, iba a estar ausente en persona; pero por medio del Consolador continuaría con ellos, y no debían pasar su tiempo en lamentaciones. Esto era lo que Satanás quería; deseaba que dieran al mundo la impresión de que habían sido engañados y chasqueados. Ahora bien, por fe, los discípulos tenían que mirar al santuario celestial, donde Jesús ministraría por ellos; sería necesario que abrieran su corazón al Espíritu Santo, su representante, y que se regocijaran en la luz de su presencia.— El Deseado de todas las gentes, cap. 28, p. 248.
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«Que Dios, que da esperanza, los lime de alegría y paz a ustedes que tienen fe en él, y les dé abundante esperanza por el poder del Espíritu Santo». Romanos 15: 13, DHH «Pero les digo la verdad: Les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré a ustedes. Y, cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio; en cuanto al pecado, porque no creen en mí; en cuanto a la justicia, porque voy al Padre y ustedes ya no podrán verme; y en cuanto al juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado». Juan 16: 7-11, NVI

UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristana feliz
Elena G. de White

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