20 de abril | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | De la obstinación a la sumisión

«Obedezcan a sus pastores, y respétenlos. Ellos cuidan de ustedes porque saben que tienen que rendir cuentas a Dios.

Así ellos cuidarán de ustedes con alegría, y sin quejarse; de lo contrario, no será provechoso para ustedes».

Hebreos 13:17, RVC

MUCHOS JÓVENES Y SEÑORITAS, que no son diligentes en el cumplimiento de sus obligaciones; aunque siempre andan atareados, rinden poco. Tienen ideas erróneas respecto al trabajo, y creen que han trabajado mucho cuando si se hubieran concentrado en la labor, y se hubieran aplicado con inteligencia a cumplirla, hubieran hecho mucho más en menos tiempo. Al perder tiempo en cosas de menor importancia, se encuentran atrasados, perplejos y confusos cuando son llamados a cumplir deberes mayores. Constantemente están haciendo algo, y viven convencidos de que están trabajando mucho; y no obstante los resultados de sus esfuerzos son escasos. En estos casos, a los jóvenes y señoritas, que están equivocándose de tal modo para ser disciplinados, sería pecaminoso no dirigirles palabras de advertencia y consejo.

Es un asunto sumamente delicado hablarle a la gente de sus faltas. El reprensor frecuentemente descubre que los que son objeto de la reprensión manifiestan orgullo y obstinación, y su voluntad se yergue en desafío y oposición. Pero por las razones ya mencionadas necesitan consejo, y hay que hacerles ver sus errores. Que los jóvenes cultiven un espíritu que permita que sean disciplinados, que sepan aprovechar los esfuerzos de quienes tratan de ayudarles. […]

Es posible que nos sintamos con derecho a evaluar nuestros propios sentimientos y emociones, y que nuestras acciones tengan que ser calificadas de acuerdo con nuestras personales normas de conducta. Pero eso no puede ser. Proceder así, deformará en lugar de reformar. Hay que empezar por cambiar de actitud, y entonces el espíritu, las palabras, la expresión del rostro y nuestros estilo de vida, pondrán de manifiesto que se ha efectuado un cambio.— The Youth’s Instructor, 31 de agosto de 1893.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

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