2 de octubre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | La fuente de poder

«Toda la plenitud de la divinidad habita en fo rm a corporal en Cristo; y en él, que es la cabeza de todo poder y autoridad, ustedes han recibido esa plenitud». Colosenses 2: 9, 10, NVI

EL SEÑOR JESÚS OBRA por medio del Espíritu Santo, porque este es su representante.
Mediante él infunde vida espiritual al creyente y vivifica sus energías para el bien, purificándolo de la contaminación moral, y haciéndolo idóneo para su reino.
Jesús tiene abundantes bendiciones para prodigar, ricos dones que distribuir entre los seres humanos. Es el Consejero maravilloso, infinito en sabiduría y poder; y si queremos reconocer el poder de su Espíritu y sometemos a su acción modeladora, estaremos completos en él. ¡Meditación maravillosa! «En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, y vosotros estáis completos en él» (Col. 2: 9-10).
El corazón humano no conocerá jamás la felicidad a menos que se someta a la acción modeladora del Espíritu de Dios. El Espíritu adapta la mente renovada al Modelo, Cristo Jesús. Mediante su influencia la enemistad con Dios se transforma en fe y amor, y el orgullo en humildad. El creyente percibe la belleza de la verdad, y Cristo es honrado en la excelencia y perfección del carácter. A medida que se efectúan estos cambios, los ángeles prorrumpen en cantos de gozo, y Dios y Cristo se regocijan por los seres humanos formados a la semejanza divina.— Revieiv and Herald, 10 de febrero de 1903.
Verse en armonía con Jehová Emanuel, «en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» y en quien «habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad» (Col. 2: 3, 9), conocerlo, poseerlo, mientras el corazón se abre más y más para recibir sus atributos, saber lo que es su amor y su poder, poseer las riquezas inescrutables de Cristo, comprender mejor «cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura», y «conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios» (Efe. 3: 18-19). «“Esta es la herencia de los siervos del Señor, la justicia que de mí procede”, afirma el Señor» (Isa. 54: 17, NVI).— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 2, p. 60.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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