2 de mayo | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | El sábado: dedicado para toda la humanidad

Y les ordenaste el día de reposo santo para ti, y por mano de Moisés tu siervo les prescribiste mandamientos, estatutos y la ley. Nehemías 9:14.

Hay quienes sostienen que el sábado fue dado únicamente para los judíos; pero Dios nunca dijo eso. Le confió su sábado a su pueblo Israel como un depósito sagrado; pero el mismo hecho de que eligiera el desierto de Sinaí y no Palestina para proclamar su ley, revela que su propósito era dársela a toda la humanidad. La ley de los Diez Mandamientos es tan antigua como la creación. Por lo tanto, la institución del sábado no tiene ninguna relación especial con los judíos, que no tenga con todos los demás seres creados. Dios ha hecho que la observancia del sábado sea obligatoria para todos los demás seres creados.

“El sábado”, se dice claramente, “fue hecho para el hombre”. Marcos 2:27. Por lo tanto, que cada persona que se encuentre en peligro de ser engañada en este punto escuche la Palabra de Dios en vez de las aseveraciones humanas.

En Edén Dios le dijo a Adán acerca del árbol del conocimiento: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”. “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” Génesis 2:17; 3:4, 5. Adán obedeció la voz de Satanás que le hablaba a través de su esposa; le creyó a una voz diferente de la que había promulgado la ley en el Edén.—Exaltad a Jesús, 47.

Cada ser humano ha sido colocado a prueba como lo fueron Adán y Eva en el Edén. Así como el árbol de la ciencia fue colocado en medio del huerto del Edén, así el mandamiento del sábado está colocado en medio del Decálogo. En cuanto al fruto del árbol de la ciencia se presentó la prohibición: “No comeréis de él… para que no muráis”. Génesis 3:3. Dios dijo del sábado: No lo profanen, sino guárdenlo santamente. “Acuérdarte del día de reposo para santificarlo”. Éxodo 20:8. Así como el árbol de la ciencia fue la prueba de la obediencia de Adán, así el cuarto mandamiento es la prueba que Dios ha dado para probar la lealtad de todos los suyos. La experiencia de Adán ha de ser una amonestación para nosotros mientras dure el tiempo. Nos advierte que no recibamos ninguna afirmación de boca de mortales o de ángeles que menoscabe una jota o una tilde de la sagrada ley de Jehová.—Comentario Bíblico Adventista 1:1120.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS

Elena G. de White

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