2 de mayo | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Bajo la autoridad paterna

«Entonces Jesús volvió con sus padres a Nazaret, y los obedecía en todo». Lucas 2: 51, TLA

JESÚS DECLARÓ SER HIJO del Eterno. […] Su primera visita al templo despertó en él nuevos impulsos. Todas las obligaciones terrenales fueron como dejadas de lado momentáneamente, debido al conocimiento de su misión divina, y a su comunión con Dios; pero no se opuso a la autoridad de sus padres. A su pedido regresó con ellos como un hijo fiel y obediente, y les ayudó en los quehaceres cotidianos. Sepultó en su propio corazón el secreto de su misión futura, esperando dócilmente hasta que comenzara su ministerio público, antes de anunciar al mundo que era el Mesías.

Jesús se sometió a la restricción paterna durante dieciocho años después de haber reconocido que era Hijo de Dios, y vivió la vida de un galileo sencillo y común, trabajando en el oficio de carpintero. […] Durante treinta años vivió bajo la tutela familiar. […]

Es común que los niños, aun de padres cristianos, que no han llegado a los doce años todavía, crean que se les debe permitir satisfacer sus propios deseos. Y los padres están listos a dejarse conducir por sus hijos en lugar de dirigirlos. […] Por esta razón muchos jóvenes crecen con hábitos de egoísmo y haraganería. Son vanidosos, orgullosos y testarudos.— The Youth’s Instructor, lo de septiembre de 1873.

Cuando contemplamos la paciente abnegación de Cristo, su apartamiento de toda notoriedad, su dedicación a sus tareas cotidianas en un ambiente humilde, ¡qué hermosa luz se esparce en tomo a su vida! ¡Cuán claramente se señala la senda en que deben caminar los niños y los jóvenes!.— The Youth’s Instructor, 14 de julio de 1892.

 

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

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