19 de mayo | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Cuidado con las normas humanas

Guardaos… de los malos obreros… Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Filipenses 3:2, 3.

Hay quienes necesitan en su corazón el toque del Espíritu divino. Cuando lo reciban, el mensaje para este tiempo llegará a constituir su principal preocupación. No buscarán normas humanas; cosas nuevas y extrañas. El sábado del cuarto mandamiento es la prueba para este tiempo…
El mandamiento de Dios, que ha sido casi universalmente invalidado, es la verdad probatoria para este tiempo… Llegará el tiempo cuando todos los que adoren a Dios se distinguirán por esta señal. Serán reconocidos como siervos de Dios mediante esta señal de lealtad al cielo. Pero todas las normas establecidas por el hombre distraerán la mente de las grandes e importantes doctrinas [152] que constituyen la verdad presente.
Es deseo y plan de Satanás introducir entre nosotros a personas capaces de ir a grandes extremos: Hombres de mente estrecha, criticones e incisivos, y muy tenaces para sostener sus propias ideas acerca de lo que significa la verdad. Serán muy exigentes y tratarán de imponer deberes difíciles de cumplir, exagerando muchos asuntos de menor importancia, mientras descuidan los aspectos más sustanciosos de la ley, es a saber, el juicio, la misericordia y el amor de Dios. Debido a la obra realizada por unas pocas personas de esa clase, todo el conjunto de observadores del sábado será considerado fanático…
Dios tiene una obra especial para los hombres de experiencia. Deben proteger la causa de Dios. Deben cuidar que la obra de Dios no sea confiada a personas que crean que es su privilegio avanzar de acuerdo con su propio juicio independiente, para predicar lo que les plazca, sin que nadie les imparta instrucciones ni les diga qué trabajo hacer. Si permitimos que este espíritu de suficiencia propia se imponga aunque sea una vez en nuestro medio, no habrá coordinación, ni unidad de espíritu, ni seguridad para la obra, y ésta no crecerá en forma saludable… Cristo oró porque sus seguidores fueran uno, como él era uno con el Padre. Los que desean que esta oración sea contestada, deben tratar de ahogar la más leve tendencia a la división, y tratar de mantener el espíritu de unidad y amor entre los hermanos.—EE, 159, 158.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White

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