19 de mayo | Dios nos cuida | Elena G. de White | Una fe progresiva

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6.

Ha llegado el tiempo cuando hemos de esperar abundantes bendiciones del Señor. Debemos ascender a una norma más elevada en lo que concierne a la fe.
Tenemos demasiado poca fe. La Palabra de Dios es nuestra garantía. Debemos recibirla creyendo con sencillez cada palabra. Con esta seguridad podemos pedir cosas grandes, y se nos concederán según sea nuestra fe…
La obra de la fe significa más de lo que nos imaginamos. Significa una confianza genuina en la Palabra de Dios tal como es. Por nuestras acciones debemos mostrar que creemos que Dios hará lo que ha dicho. Las ruedas de la naturaleza y de la providencia no pueden retroceder ni estarse quietas. Debemos tener una fe progresiva y eficaz, una fe que obre por amor y purifique el alma de todo vestigio de egoísmo. No debemos depender de nosotros, sino de Dios.
No debemos albergar incredulidad. Debemos tener esa fe que acepta la Palabra de Dios como veraz…
La verdadera fe consiste en hacer lo que Dios ha ordenado, y no las cosas que no ha prescripto. Los frutos de la fe son la justicia, la verdad y la misericordia.
Necesitamos andar en la luz de la ley de Dios; las buenas obras serán el fruto de nuestra fe, las obras de un corazón renovado diariamente. El árbol debe ser hecho bueno antes de que su fruto pueda ser bueno. Debemos estar enteramente consagrados a Dios. Nuestra voluntad debe corregirse antes de que su fruto pueda ser bueno. No debemos tener una religión antojadiza. “Hacedlo todo para la gloria de Dios”. 1 Corintios 10:31.
¡Oh qué campo se abre ante mí! Nuestro pueblo necesita la obra profunda del Espíritu de Dios cada día. Debe tener una fe que obra por el amor, una fe que emana de Dios. No debe existir ni una fibra de egoísmo entretejida en la tela. Cuando nuestra fe obra por amor, un amor tal como el que Cristo reveló en su vida, tendrá una textura firme; será el fruto de una voluntad doblegada.
Pero Cristo no puede habitar en nosotros sino hasta que muere el yo. No es sino hasta que muera el yo que podremos poseer una fe que obra por amor y purifica el alma.*

DEVOCIONAL DIOS NOS CUIDA
Elena G. de White

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