19 de diciembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Transformados por gracia

Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. 1 Pedro 4:7.

Cristo… se complace cuando su pueblo manifiesta solidez, fortaleza y firmeza de carácter, y cuando revela una disposición alegre, feliz y esperanzada.

Pedro dijo: “Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”. 1 Pedro 1:13. En esto hay una lección que tenemos que aprender; aquí se nos habla de una obra que tenemos que hacer para controlar la mente, de modo que no divague hacia temas prohibidos, ni desperdicie sus energías en asuntos triviales. “El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración”. No solamente se requiere que oremos, sino que vigilemos nuestras palabras y acciones, y hasta nuestros pensamientos: “Velad en oración”. Si la mente se concentra en las cosas celestiales, la conversación procederá del mismo canal. El corazón rebosará mediante la contemplación de la esperanza cristiana, aquellas preciosas y grandísimas promesas que quedaron registradas para darnos ánimo; y el regocijo producido por la misericordia y la bondad de Dios no necesita ser reprimido; este es un gozo que nadie puede sustraernos.

La mente estará en uso constante durante las horas conscientes… Podrán producirse destellos de pensamiento, pero la mente no está disciplinada para sostener una reflexión sobria y constante. Hay temas que demandan una consideración seria. Estos son los que se refieren al gran plan de redención que pronto quedará terminado. En vista de que Jesús está por manifestarse en las nubes de los cielos, ¿qué clase de carácter deberemos poseer para mantenemos firmes en aquel día? La mente se fortalece y el carácter se desarrolla cuando nos dedicamos a meditar en estos temas de interés eterno. Aquí se encuentra la base de ese principio firme, inalterable, que poseía José. Aquí está el secreto del crecimiento en la gracia y en el conocimiento de la verdad.

La religión de Cristo no es lo que muchos piensan que es ni aquello que sus vidas representan. El amor de Dios ejercerá una influencia directa sobre la vida y promoverá un ejercicio saludable y activo de parte del intelecto y los afectos. El hijo de Dios no quedará satisfecho hasta no verse vestido con la justicia de Cristo, y sostenido por su poder vitalizador. Cuando descubre una debilidad en su carácter, no se conforma con confesarla vez tras vez; debe dedicarse a trabajar con determinación y energía para vencer sus defectos mediante el desarrollo de rasgos de carácter opuestos. No rehuirá esta obra por ser difícil. Se requiere que el cristiano manifieste una energía incansable; pero no está obligado a trabajar con sus propias fuerzas; el poder divino sólo espera que él lo pida. Cada persona que luche sinceramente para vencer el yo, hará suya la promesa: “Bástate mi gracia”. 2 Corintios  12:9.—The Review and Herald, 10 de junio de 1884.

 

DEVOCIONAL ADVENTISTA

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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