19 de abril | Una religión radiante | Elena G. de White | Consuelo para otros

«Alabado sea el Dios y Padre de nuestro SeñorJesucristo, Padre misericordioso y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que, con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren». 2 Corintios 1: 3-4, NVI

MUCHOS FUERON LOS MENSAJES de consuelo dados a la iglesia por medio de los profetas de antaño. «¡Consuelen, consuelen a mi pueblo!» (Isa. 40: 1, NVI), fue la recomendación de Dios transmitida por Isaías, acompañada por visiones admirables que han llenado de esperanza y gozo a los creyentes en siglos posteriores. Despreciados, perseguidos y abandonados por los hombres; los hijos de Dios en todas las épocas, han sido, no obstante, sostenidos por sus seguras promesas. Por la fe han mirado hacia adelante, al tiempo en que él cumplirá en favor de su iglesia esta promesa: «Haré que tengas renombre eterno, que seas el gozo de todas las generaciones» (Isa. 60: 15).— Profetas y reyes, cap. 60, pp. 489-490.
No nos lamentemos, pues, porque en esta vida no podamos vernos libres de desilusiones ni de aflicción. Si en la providencia de Dios somos llamados a soportar pruebas, aceptemos la cruz, y bebamos la copa amarga, recordando que es la mano de un Padre la que la ofrece a nuestros labios. Confiemos en él en las tinieblas como en la luz del día. ¿No podemos creer que nos dará todo lo que sea para nuestro bien? «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Rom. 8: 32).
Aun en la noche de aflicción, ¿cómo podemos negamos a elevar el corazón y la voz en agradecida alabanza, cuando recordamos el amor por nosotros expresado en la cruz del Calvario?— Testimonios para ¡a iglesia, t. 5, pp. 60-61.
«¡Cielo, grita de alegría! ¡Tierra, llénate de gozo! ¡Montañas, lancen gritos de felicidad! Porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha tenido compasión de él en su aflicción». Isaías 49: 13, DHH

UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristana feliz
Elena G. de White

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