19 de abril | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | La palabra de Dios es la norma del juicio

Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala. Eclesiastés 12:14.

La Biblia es una guía infalible para la raza humana en cada fase de la vida. En ella se indican claramente las condiciones de la vida eterna. La distinción entre lo bueno y lo malo está definida claramente, y el pecado se muestra en su carácter más repugnante, vestido con las vestiduras de la muerte. Si se estudia y obedece esta guía, será para nosotros como la columna de nube que condujo a los hijos de Israel por el desierto; pero si se ignora y se desobedece, testificará contra nosotros en el día del juicio. Dios juzgará a todos por su Palabra; permanecerán o caerán según hayan cumplido o pasado por alto sus requerimientos…

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros”, dijo Cristo, “así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”. Mateo 7:12. Estas palabras son de la más alta importancia y deben ser la regla de nuestra vida. Pero, ¿cumplimos este principio divino? Cuando estamos en contacto con nuestros prójimos, ¿los tratamos como desearíamos que ellos nos tratasen en circunstancias similares?

Dios prueba a los hombres y a las mujeres por su vida diaria. Pero muchos que hacen una alta profesión de servicio no pueden pasar esta prueba. En su ansia por ganancia, usan pesas engañosas y balanzas falsas. No hacen de la Biblia su regla de vida, y por lo tanto no ven la necesidad de una integridad y fidelidad estrictas.

Ansiosos por amasar riquezas, permiten que la deshonestidad entre en su trabajo.

El mundo observa su conducta y no es lento en medir su dignidad cristiana por sus tratos en los negocios…

La Biblia siempre nos cuenta la misma historia. Con ella, el pecado es siempre pecado, ya sea que lo cometa el millonario o el mendigo que vaga por las calles.

Es mucho mejor tener una vida de profunda pobreza coronada por las bendiciones de Dios, que todos los tesoros del mundo sin sus bendiciones. Podemos ser muy ricos, pero a menos que tengamos la conciencia de que Dios nos honra, seremos verdaderamente pobres.—The Signs of the Times, 24 de diciembre de 1896.

 

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS

Elena G. de White

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