19 de abril | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | “He aquí el cordero de Dios”

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29.

Juan por naturaleza padecía de las mismas faltas y debilidades comunes a la humanidad; pero el toque del amor divino lo había transformado. Al haber comenzado el ministerio de Cristo, los discípulos de Juan vinieron donde él con la queja de que todos los hombres seguían al nuevo Maestro, pero Juan demostró cuán plenamente comprendía su relación con el Mesías, y cuán alegremente le extendía la bienvenida a Aquel cuyo camino él había preparado.
“No puede el hombre recibir nada—declaró—si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues; este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. Juan 3:27-30.
Mirando con fe al Redentor, Juan había alcanzado la cumbre de la abnegación. Se interesaba, no en atraer a los hombres a sí mismo, sino en elevar sus pensamientos más y más, hasta que descansaran en el Cordero de Dios. Él mismo había sido solo una voz, un clamor en el desierto. Ahora, con gozo aceptaba el silencio y las sombras, para que la vista de todos se volviese a la Luz de la vida.
Los que son fieles a su llamamiento como mensajeros de Dios no procurarán la honra personal. El amor propio quedará absorbido en el amor de Cristo. Reconocerán que su obra es proclamar, como lo hizo Juan el Bautista: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29. Levantarán a Jesús, y con él la humanidad entera será levantada…
El alma del profeta, vaciada del yo, se llenó de la luz del Divino. En lenguaje que era casi el paralelo de las palabras del mismo Cristo, dio testimonio de la gloria del Salvador… En esta exaltación de Cristo todos sus seguidores han de participar… Podemos recibir la luz del cielo solo mientras estemos dispuestos a vaciarnos del yo. Podemos discernir el carácter de Dios, y aceptar a Cristo por la fe, solo al consentir sujetar todo pensamiento a la voluntad de Cristo. A todos los que hagan esto, el Espíritu Santo les será dado sin medida. En Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él…”. Colosenses 2:9, 10—Testimonies for the Church 8:348, 349.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White
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