18 de noviembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | La verdad como base del carácter

En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Salmos 119:11.

Las personas que estudian la Biblia, que reciben el consejo de Dios y confían en Cristo, serán capacitadas para actuar con sabiduría en todo tiempo y bajo cualquier circunstancia. Los principios divinos serán evidenciados en la vida real. Sólo permitan que la verdad para este tiempo sea recibida de todo corazón y que llegue a ser la base del carácter, y producirá una inmutabilidad de propósito tal que no serán capaces de cambiar ni los atractivos del placer, ni la inconstancia de las costumbres, ni el desprecio de los amantes del mundo, ni las demandas del propio corazón por la complacencia del yo. Primeramente la conciencia debe ser iluminada y la voluntad se debe colocar bajo sujeción. El amor por la verdad y la justicia debe reinar en el alma y entonces se revelará un carácter que el cielo pueda aprobar.
Tenemos marcadas ilustraciones acerca del poder sostenedor de los principios religiosos firmes. Ni siquiera el temor de la muerte pudo hacer que el desfalleciente David bebiera del agua de Belén, para obtener la cual algunos hombres valientes habían arriesgado sus propias vidas. El insaciable foso de los leones no pudo impedir que Daniel continuara con sus oraciones diarias, ni tampoco el horno de fuego fue capaz de inducir a Sadrac y a sus compañeros a postrarse delante del ídolo que Nabucodonosor había levantado. Antes que ser hallados infieles a Dios, los jóvenes de principios firmes desdeñarán el placer, soportarán el dolor y desafiarán el foso de los leones y el horno de fuego ardiente. Consideremos el carácter de José. La virtud fue probada severamente, pero su triunfo fue completo. En cada prueba manifestó el mismo principio elevado e inflexible. El Señor estaba con él y su palabra era ley.
Una firmeza tal y un principio tan claro brillan mejor cuando se los contrasta con la debilidad y la ineficiencia de la juventud de esta época…
La idea de que debemos someternos a la manera de ser de algunos niños pervertidos es un error. Al mismo comienzo de su ministerio, los jóvenes de Betel se burlaron de Eliseo y lo ridiculizaron. Aunque era un hombre de gran mansedumbre, el Espíritu de Dios lo impulsó a pronunciar una maldición sobre esos burladores. Habían oído acerca de la ascensión de Elías, y habían hecho de este evento solemne un objeto de mofa. Eliseo dejó establecido el hecho de que ni jóvenes ni viejos podrían tratar con ligereza el asunto de su sagrado llamamiento. Cuando le dijeron que lo mejor que podía hacer era subir, como lo había hecho Elías antes de él, los maldijo en el nombre del Señor. El terrible castigo que recayó sobre ellos provenía de Dios. Después de esto, Eliseo no tuvo más problemas en el desempeño de su misión. Durante cincuenta años entró y salió por las puertas de Betel, y anduvo de ciudad en ciudad, pasando por en medio de grupos de jóvenes de la peor calaña y de los holgazanes más rudos y disolutos, pero nadie se burló jamás de él ni tomó burlonamente sus calificaciones como profeta del Altísimo. Esta ocasión de terrible severidad que tuvo lugar al comienzo de su carrera fue suficiente para imponer respeto durante toda su vida.—Testimonies for the Church 5:43-44.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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