18 de mayo | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Espiritismo y revolución

Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón. Lucas 10:27.

¿Cuáles son las esperanzas que debe arrostrar la juventud al salir al mundo para hacer frente a sus tentaciones a pecar: La pasión por ganar, dinero, divertirse y satisfacer los sentidos; el afán por el lujo, la ostentación, la extravagancia, el exceso, el fraude, el robo y finalmente la ruina?
El espiritismo asegura que los hombres son semidioses no caídos; que “cada mente se juzgará a sí misma”; que el “verdadero conocimiento coloca a los hombres por encima de toda ley”; que “todos los pecados cometidos son inocentes”; porque “todo lo que existe es correcto”, y que “Dios no condena”. Pretende que están en el cielo, donde son exaltados los seres humanos más viles. Así declara a todos los hombres: “Nada importa lo que hagáis; vivid como os plazca; el cielo es vuestro hogar”. Multitudes llegan así a creer que el deseo constituye la ley suprema, que la licencia es libertad y que el hombre es responsable solamente ante sí mismo.
Si se proporciona semejante enseñanza al comienzo mismo de la vida, cuando el impulso es fortísimo y urgentísima la necesidad de dominio propio y pureza, ¿dónde quedan las salvaguardias de la virtud?…
Al mismo tiempo la anarquía trata de hacer desaparecer toda ley, no solo divina sino humana. La centralización de la riqueza y el poder, las vastas combinaciones hechas para el enriquecimiento de unos pocos a expensas de la mayoría; la unión de las clases más pobres para organizar la defensa de sus intereses y derechos; el espíritu de inquietud, desorden y derramamiento de sangre; la propagación mundial de las mismas enseñanzas que produjeron la Revolución Francesa, tienden a envolver al mundo entero en una lucha similar a la que convulsionó a Francia.
Estas son las influencias que tienen que afrontar los jóvenes de hoy día. Para permanecer firmes en medio de tales trastornos es necesario que echen ahora los cimientos del carácter.
En todas las generaciones y en todos los países, el verdadero cimiento y el modelo para la edificación del carácter han sido los mismos. La ley divina: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y… amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39), el gran principio manifestado en el carácter y en la vida de nuestro Salvador, es el único cimiento y la única guía seguros.—La Educación, 223, 224.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White

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