18 de enero | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Es poderoso para socorrer

«Por haber sufrido él mismo la tentación, puede socorrer a los que son tentados». Hebreos 2:18, NVI

AUNQUE TUVO QUE SOPORTAR las más duras tentaciones, Cristo no falló ni se desanimó. Estaba librando el conflicto en nuestro favor, y si hubiera fallado, si hubiera sucumbido frente a la tentación, la familia humana se habría perdido.
La Biblia hace un relato conciso del conflicto con Satanás en el desierto de la tentación, pero en realidad aquello fue una pesadilla horrible. Cristo salió triunfante, y soportó la prueba en nuestro favor.
¡Somos totalmente incapaces de comprender la dureza de las tentaciones que venció Cristo! ¡Bien poco comprendemos la prueba tremenda de la cual dependió el destino de un mundo perdido! El Redentor del mundo no combatía «contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Efe. 6: 12).
Todo el cielo estaba pendiente de ese conflicto, y, ¡qué gozo, qué alegría, hubo en el cielo debido a que el socorro reside en Uno que es poderoso para vencer, poderoso para salvar!
¡Qué gran acontecimiento el momento cuando Cristo se colocó a sí mismo en el lugar de Adán, y soportó la prueba donde este había fracasado, poniendo a la humanidad, mediante ese acto, en terreno ventajoso, en situación favorable ante Dios, de manera que pudiéramos nosotros vencer gracias a los méritos de Jesús! En su nombre, y por su gracia, podemos ser vencedores, así como Cristo lo fue. En Jesús la divinidad y la humanidad se unieron, y la única forma por la cual podemos ser vencedores es convirtiéndonos en «participantes de la naturaleza divina» (2 Ped. 1: 4). […] La divinidad y la humanidad se combinan en el que tiene el Espíritu de Cristo. El apóstol Pablo escribe: «Y para eso tenía que hacerse igual en todo a sus hermanos, para llegar a ser Sumo sacerdote, fiel y compasivo» (Heb. 2: 17, DHH).— The Youth’s Instructor, 30 de junio de 1892.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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