18 de diciembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | La gloria de Dios es nuestra gran motivación

Dad a Jehová la gloria debida a su nombre. Salmos 29:2.

Todos vivimos en tiempo de prueba. Los que ya bajaron a la tumba fueron examinados y probados para ver si comprendieron su responsabilidad de servir a Dios. El deseo de glorificar a Dios debería ser la motivación más poderosa de todas para nosotros. Debería inducirnos a realizar toda clase de esfuerzos por mejorar los privilegios y oportunidades que se nos han provisto para usar sabiamente los bienes del Señor. Debería impulsarnos a mantener tanto el cerebro, como los huesos y los músculos en las condiciones más saludables que sea posible, para que nuestra fuerza física y claridad mental nos ayuden a ser administradores fieles. Los intereses egoístas deben mantenerse constantemente bajo sujeción, porque si se les permite actuar, debilitan el intelecto, endurecen el corazón y menoscaban el valor moral…

El Señor consideró a Daniel como un hombre,porque fue un administrador que trabajó fielmente con los bienes de su Señor. No se olvidó de Dios, sino que se colocó en el canal de la luz, desde donde podía tener comunión con Dios en oración. Y se nos informa que Dios concedió a Daniel y a sus compañeros inteligencia y destreza en todo conocimiento y sabiduría…

Dondequiera que se encuentren, permitan que los que están a su alrededor vean que ustedes le dan la gloria a Dios. Que el hombre quede en la sombra; que Dios aparezca como la única esperanza de la raza humana. Cada ser humano debe fundamentar la construcción de su carácter sobre Cristo Jesús, la Roca eterna; entonces permanecerá inamovible en medio de tormentas y tempestades.

Dios preparará la mente para que reconozca al único Ser que puede ayudar al alma esforzada y luchadora. El capacitará a todos los que se alistan bajo su estandarte para que sean administradores fieles de su gracia. Dios le ha dado al hombre principios inmortales ante los cuales las potencias humanas se inclinarán algún día. Nos ha confiado la verdad en depósito. Los preciosos rayos de esta luz no se deben esconder debajo de un cajón, sino que deben alumbrar a todos los que están en casa. La verdad, la verdad imperecedera, debe hacerse prominente. Muéstreles a las personas con quienes se relaciona que para usted la verdad es de importancia capital. Para usted significa mucho mantenerse firme ante los principios que perdurarán durante las edades eternas.

Dios ha concedido talentos a cada ser humano para que su nombre sea glorificado, no para que el hombre sea aplaudido y alabado, honrado y glorificado, mientras el Dador sea olvidado. Los dones de Dios han sido confiados a todos, desde el más humilde y azotado por la probreza, hasta el más encumbrado y rico… Que nadie desperdicie el tiempo que Dios le da quejándose de que sólo posee un talento. Dediquen cada momento a la utilización de los talentos que poseen. Son del Señor, y a él se le deben devolver. Lo que manejamos no es propiedad nuestra, sino del Señor. Un día regresará para recibir lo suyo con intereses. Administremos fielmente lo que nos ha confiado, para que podamos encontramos con él en paz.—The Review and Herald, 12 de septiembre de 1899.

 

DEVOCIONAL ADVENTISTA

EXALTAD A JESÚS

Elena G. de White

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