17 de septiembre | La maravillosa gracia de Dios | Elena G. de White | Bendiciones multiplicadas

Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. 2 Pedro 1:2,3.

En el primer capítulo de la segunda epístola de Pedro, hallaréis esta recomendación: “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal, caridad”. 2 Pedro 1:5-7. Estas virtudes son tesoros admirables…
¿No nos esforzaremos por aprovechar lo mejor que podamos el poco tiempo que aún nos queda en esta vida para añadir una gracia a otra, y una potencia a otra, mostrando que tenemos acceso, en los lugares celestiales, a una fuente de poder? Cristo dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Mateo 28:18. ¿Para quién le es dada esta potestad? Para nosotros. El quiere que comprendamos que volvió al cielo como nuestro Hermano mayor, y que el poder inconmensurable que se le dio está a nuestra disposición…
En todo lo que hacemos y decimos, debemos representar a Cristo. Debemos vivir su vida. Los principios en que se inspiraba deben dirigir nuestra conducta hacia las personas con quienes colaboramos. Cuando estamos anclados firmemente en Cristo poseemos un poder que ningún ser humano puede quitarnos.—Joyas de los Testimonios 3:384.
La impremeditada e inconsciente influencia de una vida santa, es el más convincente sermón que puede predicarse en favor del cristianismo. Puede ser que los argumentos, por irrebatibles que sean, no provoquen más que oposición; pero un ejemplo piadoso entraña fuerza irresistible.—Los Hechos de los Apóstoles, 407.
Dios ha revelado por medio de su Hijo, la excelencia que el hombre puede alcanzar. Y Dios nos está desarrollando, para que aparezcamos ante el mundo como testigos vivientes de lo que el hombre puede llegar a ser a través de la gracia de Cristo.—Nuestra Elevada Vocación, 110.

DEVOCIONAL LA MARAVILLOSA GRACIA DE DIOS
Elena G. de White

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