17 de septiembre | La fe por la cual vivo | Elena G. de White | Manejando las riendas de la disciplina

Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres; porque esto es justo. Efesios 6:1.

“Una de las primeras lecciones que necesita aprender el niño es la obediencia. Se le debe enseñar a obedecer antes que tenga edad suficiente para razonar.”—La Educación, 279.
“La madre es la reina del hogar, y los niños son sus súbditos. Ella debe gobernar sabiamente su casa en la dignidad de su maternidad. Su influencia en el hogar ha de ser suprema…. Nunca la terquedad se debe dejar sin reprensión…. Es imposible describir el mal que resulta de dejar a un niño librado a su propia voluntad.”—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos acerca de la Educación Cristiana, 86, 87.
“Los requerimientos de los padres deben ser siempre razonables; deben expresar bondad, no por una negligencia insensata, sino por una sabia dirección. Han de enseñar a sus hijos en forma agradable, sin reñir ni censurarlos, procurando ligar consigo el corazón de los pequeñuelos con sedosas cuerdas de amor.”—Ibid. 122.
“Una firmeza uniforme y un dominio desapasionado son necesarios para la disciplina de toda familia. Decid serenamente lo que debéis decir, actuad con consideración y cumplid lo que habéis dicho sin fluctuaciones.”—Testimonies for the Church 3:532.
“La influencia de la autoridad y el amor equilibradamente combinados permitirá mantener con firmeza y bondad las riendas de la disciplina familiar. La mirada puesta en la gloria de Dios y en lo que nuestros niños le deben a él nos librará de la negligencia y la condescendencia con el mal.”—The Adventist Home, 308.

DEVOCIONAL LA FE POR LA CUAL VIVO
Elena G. de White

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