17 de enero | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | La fe en Cristo es vida eterna

«El Padre ama al Hijo, y ha puesto en sus manos todas las cosas. El que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios recae sobre él». Juan 3:35-36, RVC

CUANDO UNO SE ENTREGA a Cristo, un nuevo poder se posesiona del renovado corazón; se realiza un cambio que ningún mortal puede realizar por su cuenta. Es una obra sobrenatural, que introduce un elemento sobrehumano en la naturaleza humana. La persona que se entrega a Cristo, llega a ser una fortaleza suya, que él sostiene en un mundo en rebelión, y no quiere que ninguna otra autoridad sea reconocida en ella sino la suya. Un alma así guardada en posesión por los agentes celestiales resulta inexpugnable para los asaltos de Satanás.— El Deseado de todas las gentes, cap. 33, p. 294.
El Señor está dispuesto a impartir todas las bendiciones celestiales. Conoce todas las tentaciones que asedian a sus hijos y la capacidad de todo instrumento humano. El mide su fortaleza, ve el hoy y el mañana, y presenta ante la mente las obligaciones que debe cumplir, e insta para que no se permita que lo común y terrenal absorba lo eterno de tal modo que se pierda de vista.— The Youth’s Instructor, 5 de julio de 1894.
Los dones de su gracia mediante Cristo son gratuitos para todos. No hay elección, excepto la propia, por la cual alguien haya de perecer. Dios ha expuesto en su Palabra las condiciones de acuerdo con las cuales se elegirá a cada uno para la vida eterna: la obediencia a sus mandamientos, mediante la fe en Cristo. Dios ha elegido un carácter que está en armonía con su ley, y todo el que alcance la norma requerida, entrará en el reino de la gloria.— Patriarcas y profetas, cap. 19, pp. 184-185.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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