17 de diciembre | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Inesperada recompensa

El bien que cada uno hiciere, ése recibirá del Señor. Efesios 6:8.

En esta vida el trabajo que hacemos por Dios parece a menudo casi infructuoso. Nuestros esfuerzos para hacer bien pueden ser fervientes y perseverantes, sin que podamos ver sus resultados. El esfuerzo puede parecernos perdido. Pero el Salvador nos asegura que nuestra obra queda anotada en el cielo, y que la recompensa no puede faltar.—Obreros Evangélicos, 529.
La viuda pobre que echó las dos blancas en la caja del Señor, poco sabía lo que estaba haciendo. Su ejemplo de abnegación ha influido y reaccionado sobre millares de corazones en todos los países y en todas las épocas. Esa ofrenda ha traído a la tesorería de Dios dones de parte de los encumbrados y los humildes, de los ricos y los pobres. Ella ha ayudado a sostener misiones, a establecer hospitales, a alimentar a los hambrientos, a vestir a los desnudos, a sanar a los enfermos, a predicar el evangelio a los pobres.
Multitudes han sido bendecidas por el acto de abnegación de esa mujer.—Servicio Cristiano Eficaz, 213.
Y en el día de Dios, a ella se le permitirá ver la influencia que tuvo su acto. Lo mismo será con la valiosa ofrenda de María Magdalena al Señor. ¡Cuántos han sido inspirados hacia el servicio amante al recordar el vaso de alabastro roto! ¡Y cuán grande será el regocijo de ella cuando contemple los resultados!—Testimonies for the Church 6:312, 313.
“De cierto os digo—declaró Cristo—, que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella”. Mirando en lo futuro, el Salvador habló con certeza concerniente a su evangelio. Iba a predicarse en todo el mundo. Y hasta donde el evangelio se extendiese, el don de María exhalaría su fragancia y los corazones serían bendecidos por su acción espontánea. Se levantarían y caerían reinos; los nombres de los monarcas y conquistadores serían olvidados; pero la acción de esta mujer sería inmortalizada en las páginas de la historia sagrada. Hasta que el tiempo no fuera más, aquel vaso de alabastro contaría la historia del abundante amor de Dios para con la especie caída.—El Deseado de Todas las Gentes, 515.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White

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