17 de abril | Una religión radiante | Elena G. de White | La ley que endulza la vida

«Si tu ley no hubiera sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido». Salmo 119: 92

LOS VERDADEROS DISCÍPULOS de Cristo lo siguen a través de duros conflictos, siendo abnegados y experimentando amargos desengaños; pero eso les muestra la culpabilidad y la miseria del pecado y son inducidos a mirarlo con aborrecimiento.— Los hechos de los apóstoles, cap. 57, p. 439.
Dios nos ha dado sus sagrados preceptos porque nos ama. Para protegernos de los resultados de la transgresión, nos revela los principios de la justicia. La ley es una expresión del pensamiento de Dios: cuando se recibe en Cristo, llega a ser nuestro pensamiento. Nos eleva por encima del poder de los deseos y tendencias naturales, por encima de las tentaciones que inducen a pecar. Dios desea que seamos felices, y nos ha dado los preceptos de la ley para que obedeciéndolos tengamos gozo.— El Deseado de todas las gentes, cap. 31, p. 277.
«Tu justicia es justicia eterna, y tu ley, la verdad.
Aflicción y angustia se han apoderado de mí, pero tus mandamientos han sido mi delicia. Justicia eterna son tus testimonios; ¡dame entendimientoy viviré!». Salmo 119: 142-144 «Las leyes del Señor son verdaderas, cada una de ellas es imparcial Son más deseables que el oro, incluso que el oro más puro.
Son más dulces que la miel, incluso que la miel que gotea del panal.
Sirven de advertencia para tu siervo». Salmo 19: 9-11, NTV

UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristana feliz
Elena G. de White

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