16 de mayo | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Adoptar sus principios

«Les he dado ejemplo para que traten a los demás como yo los he tratado a ustedes. Les digo la verdad: Ustedes ya saben que un siervo no es superior a su amo, y que ningún mensajero es más importante que el que lo envió. Si entienden todas estas cosas y las ponen en práctica, serán afortunados». Juan 13:14-17, PDT

 HOY EN DIA NOS SENTIMOS apenados al ver que niños y jóvenes se consideran autosuficientes como para someterse a la dirección de sus padres. […] Parece que se imaginan que el sometimiento a la autoridad paterna es una evidencia de debilidad, un sacrificio de su legítima independencia. Pero en lugar de ser capaces de gobernarse a sí mismos, son vacilantes y débiles en sus propósitos. Sus virtudes morales son escasas, y tienen poca fortaleza espiritual. La razón por la cual son tan débiles y caen tan fácilmente bajo la tentación, es que no imitan la vida de Cristo. […]

En lugar de seguir en las pisadas del divino Redentor, están llenos de orgullo y estima propia. Son esclavos de su inclinación natural, y siguen los deseos de su corazón no consagrado en lugar de las enseñanzas del amante Salvador.— The Youth’s Instructor, 14 de julio de 1892.

Jesús distinguía lo correcto de lo incorrecto, y ponía el pecado a la luz de los mandamientos de Dios, manteniendo en alto la ley como un espejo que reflejara luz sobre lo erróneo. Era esta clara diferenciación entre lo correcto y lo erróneo lo que muchas veces provocaba la ira de los hermanos de Cristo. Pero sus llamamientos y sus ruegos, y el pesar que expresaba su rostro, revelaban un amor tan tierno y ferviente por ellos, que se sentían avergonzados de tentarlo a desviarse de su estricto sentido de la justicia y la lealtad.— The Youth’s Instructor, 8 de septiembre de 1898.

Dios desea tener «un pueblo propio, celoso de buenas obras» (Tito 2: 14), que se mantenga firme en medio de la contaminación de esta época degenerada.— Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 518.

 

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

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