15 de septiembre | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | Se sueltan los cuatro vientos


No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. Apocalipsis 7:3.

Hay ángeles que rodean el mundo, rechazando las pretensiones de supremacía que presenta Satanás, por causa de la vasta multitud de sus adherentes. No oímos las voces, no vemos con nuestra vista natural la labor de estos ángeles, pero sus manos están unidas alrededor del mundo, y con atenta vigilancia mantienen a raya a las huestes de Satanás, hasta que se complete el sellamiento del pueblo de Dios.—Carta 79, 1900.
Juan ve los elementos de la naturaleza: terremotos, tempestades y lucha política, representados como siendo retenidos por cuatro ángeles. Estos vientos están bajo control hasta que Dios ordena soltarlos. Ahí está la seguridad de la iglesia de Dios. Los ángeles de Dios son los que retienen los vientos de la Tierra, para que no soplen sobre la Tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol, hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes.—Testimonios para los Ministros, 444.
El momento actual es de interés abrumador para todos los que viven. Los gobernantes y estadistas, los hombres que ocupan puestos de confianza y autoridad, los hombres y mujeres pensadores de todas las clases, tienen la atención fija en los acontecimientos que se producen en derredor de nosotros. Observan las relaciones tirantes e inestables que existen entre las naciones. Observan las presiones que se ejercen sobre todo elemento terrenal, y reconocen que algo grande y decisivo está por acontecer, que el mundo se encuentra en vísperas de una crisis estupenda.—La Historia de Profetas y Reyes, 394.
Los ángeles están hoy reteniendo los vientos de contienda, hasta que el mundo sea advertido acerca de su inminente destrucción; pero se está preparando una tormenta, que se va a desencadenar sobre la Tierra, y cuando Dios ordene a sus ángeles que suelten los vientos, habrá una escena tal de lucha que ninguna pluma la puede describir…—EE, 510.
El Señor nos ha concedido misericordiosamente un momento de tregua. Toda facultad que nos ha sido concedida por el cielo ha de ser empleada en hacer la obra que el Señor nos asignó en favor de los que perecen en la ignorancia. El mensaje de amonestación debe resonar en todas partes del mundo… hay una gran obra que hacer, y esta tarea ha sido encomendada a los que conocen la verdad para este tiempo.—The Review and Herald, 23 de noviembre de 1905.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White
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