15 de septiembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Representantes de Dios

«El pecado produce la muerte, y existe porque hay una ley. ¡Pero gracias a Dios, podemos vencerlo por medio de nuestro Señor Jesucristo! Por eso, mis queridos hermanos, manténganse firmes, y nunca dejen de trabajar más y más por el Señor Jesús. Y sepan que nada de lo que hacen para Dios es inútil». 1 Corintios 15: 56- 58, TLA

La DE CRISTO HA DE SER «una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada parecido, sino santa y perfecta» (Efe. 5: 27, DHH). Sus miembros son los representantes del reino celestial en el mundo. Mientras el tiempo dure, se hallarán embarcados en una misión de misericordia.
El Señor desea que todos los que profesan creer en la verdad de su Palabra, la hagan conocer. Su perseverante fidelidad será ricamente recompensada. «Y que el reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo sean dado al pueblo de los santos del Altísimo» (Dan. 7: 27). No nos cansemos de hacer bien. Sometamos enteramente nuestro corazón a las enseñanzas de la Palabra del gran Médico misionero. De acuerdo con nuestra fe en el mensaje, será nuestro fervor y nuestro poder para promover el conocimiento de Jesucristo. Hemos de llegar a ser «colaboradores de Dios», «creciendo en la obra del Señor siempre» (1 Cor. 3: 9; 15: 58). Cada día de nuestra vida hacemos frente a nuevas obligaciones.
La terminación de un deber es el comienzo del otro. Nuestra vida ha de emplearse en un solemne servicio en favor del Maestro. Somos los siervos del Señor. Los miembros de la iglesia de Cristo han de ser ejemplos de una vida de servicio, una vida de completa obediencia a nuestro gran Ejemplo.— Manuscrito 57, 1907.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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