15 de enero | Devocional: Mi vida Hoy | Buscad a Dios mediante la oración

Entonces me invocaréis, e iréis y oraréis a mí, y yo os oiré: y me buscaréis y hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. (Jer. 29: 12-13)

Hay dos clases de oración: la que es una fórmula y la oración de fe. La repetición de frases establecidas, y habituales cuando el corazón no siente necesidad de Dios, es una oración de forma. . . . Debemos tener sumo cuidado para que nuestras oraciones expresen los deseos del corazón y lo que realmente queremos decir. Todas las palabras rebuscadas que están a nuestro alcance no equivalen a un solo deseo santo. Las oraciones más elocuentes son vanas repeticiones si no expresan los sentimientos del corazón. Pero la oración que nace del corazón ferviente, (cuando expresamos nuestros sencillos anhelos tal como pediríamos un favor a un amigo terrenal, esperando que nos fuera concedido) esa es la oración de fe. El publicano que subió al templo a orar es un buen ejemplo de adorador sincero y devoto. El sentía que era un pecador y su gran necesidad lo indujo a dar expresión a su apasionado deseo: “Dios, sé propicio a mí, pecador…”
Después de haber ofrecido nuestras peticiones, debemos contestarlas nosotros mismos en la medida de lo posible, y no esperar que Dios haga lo que está a nuestro alcance. La ayuda de Dios se mantiene en reserva para beneficio de todos cuantos la soliciten. La ayuda divina se debe combinar con el esfuerzo, la aspiración y la energía humana. Pero no podremos llegar dentro de los bastiones del cielo si no realizamos el escalamiento. No podremos sostenernos por las oraciones de otros si descuidarnos la oración; porque Dios no tomará en cuenta esa medida… No conseguiremos eliminar los rasgos indeseables de nuestro carácter, y reemplazarlos por cualidades puras y agradables sin empeñar algún esfuerzo de nuestra parte. . . .
En medio de nuestro afán por copiar la imagen que nos dejó el Señor, podemos trazar líneas torcidas… A pesar de eso, no cejemos en nuestros esfuerzos… Los fracasos temporarios deben inducirnos a apoyarnos aún más en Cristo. (BE, 11-1887)

DEVOCIONAL MI VIDA HOY
Reflexiones para cada día
Elena G. de White

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