15 de agosto | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White

La naturaleza es guiada y sostenida por el creador

Cantad a Jehová con alabanza, cantad con arpa a nuestro Dios. Él es quien cubre de nubes los cielos, el que prepara la lluvia para la tierra. Salmos 147:7, 8.

Muchos enseñan que la materia posee poderes vitales. Sostienen que se le impartieron ciertas propiedades y que luego se la dejó actuar mediante su propia energía inherente; y que las operaciones de la naturaleza se llevan a cabo en conformidad con leyes fijas, en las cuales Dios mismo no puede intervenir. Esta es una ciencia falsa, y no está respaldada por la Palabra de Dios.
La naturaleza no actúa por sí misma; es la sierva de su Creador. Dios no anula sus leyes, ni tampoco obra contrariándolas: las usa continuamente como sus instrumentos. La naturaleza atestigua que hay una inteligencia, una presencia y una energía activa que obran dentro de sus leyes, mediante ellas y por encima de ellas. Existe en la naturaleza la obra continua del Padre y del Hijo. Dijo Cristo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”. Juan 5:17.
Dios terminó su obra de la creación, pero su energía sigue ejerciendo su influencia para sustentar los objetos de su creación. Una pulsación no sigue a la otra, y un hálito al otro, porque el mecanismo que una vez se puso en marcha
continúa accionando por su propia energía inherente; sino que todo hálito, toda pulsación del corazón, es una evidencia del completo cuidado que tiene de todo lo creado Aquel en quien vivimos y somos.
No es en virtud de alguna fuerza inherente que año tras año la tierra produce sus abundantes cosechas y continúa su movimiento alrededor del sol. La mano de Dios dirige los planetas, y los mantiene en su puesto en su ordenada marcha a través de los cielos… En virtud de su poder la vegetación florece, aparecen las hojas y las flores se abren… Su Palabra controla los elementos, y por su poder los valles se fertilizan… Cubre de nubes los cielos y prepara la lluvia para la tierra.
“Hace a los montes producir hierba… Da la nieve como lana, y derrama la escarcha como ceniza”. Salmos 147:8, 16. “A su voz se produce muchedumbre de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos”. Jeremías 10:13…
Su solícito cuidado está sobre todas las obras de sus manos. Nada es demasiado grande para que él lo dirija; nada es demasiado pequeño como para que se escape de su atención.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 105-107; The Signs of the Times, 20 de marzo de 1884.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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