15 de agosto | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White

No nos gloriemos en las riquezas

«Así ha dicho Jehová: “No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.
Mas alábese en esto el que haya de alabarse: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque estas cosas me agradan ”, dice Jehová». Jeremías 9: 23-24

EL RICO NO HA DE GLORIARSE de sus riquezas. Si fijamos nuestra atención en las cosas terrenales, dejaremos de exaltar a Cristo. Satanás tratará de mantener nuestra mente absorbida con las cosas de este mundo, para que perdamos de vista la vida eterna; pero no podemos permitir que sus engaños nos subyuguen. El Señor Jesús es la Fuente de toda bendición, ya sea temporal o espiritual. Si nos ha dado riquezas, no es para que las reclamemos como nuestras. «No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corroen, y donde los ladrones minan y hurtan. Por el contrario, acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corroen, y donde los ladrones no minan ni hurtan» (Mat. 6: 19, 20, RVC). Pablo consideraba todo como pérdida para poder ganar a Cristo. Pero cuando el Salvador pide nuestras posesiones y nuestro servicio, muchos se dan cuenta de que no pueden obedecer a Dios y llevar sus tesoros terrenales con ellos, y deciden permanecer con sus tesoros. […] ¿Cómo pueden los que esperan estar de pie alrededor del trono de Cristo, y ser revestidos con su justicia, desconfiar de Dios y temer que los abandonará a la necesidad? ¿Dónde está la fe? Nuestro Padre celestial alimenta a los cuervos, ¿no nos alimentará mucho más a nosotros? […]
Si tenemos una correcta visión de Cristo, no permitiremos que nada se interponga entre nosotros y él. […] Los que estudien para ver cuán cerca pueden vivir del mundo y ganar aun el cielo, llegarán lo suficientemente cerca para ser echados del cielo. Hemos de aceptar la parte de sufrimiento que nos corresponde en la religión, si queremos sentamos en el trono con Aquel que sufrió por nosotros.— Review and Herald, 15 de marzo de 1887.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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