14 de Octubre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | Se necesita una reforma decidida

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna. Juan 5:24.

Mientras ustedes permitan que el orgullo more en sus corazones, el trabajo que realizan revelará falta de poder. Durante años se ha alimentado un espíritu equivocado, un espíritu de orgullo, un deseo por sobresalir. Con esto se sirve a Satanás y se deshonra a Dios. El Señor pide que haya una reforma decidida. Y cuando un alma se reconvierta verdaderamente… que renueve su pacto con Dios, y Dios renovará su pacto con ella… Que tanto los ángeles como los seres humanos vean que con Dios hay perdón de los pecados. Un poder extraordinario de parte de Dios debe apoderarse de las iglesias adventistas del séptimo día. Entre los miembros se debe producir una reconversión, para que sean testigos de Dios y demuestren la autoridad del poder de la verdad que santifica el alma. La iglesia debe ser renovada, purificada y santificada, de lo contrario caerá sobre ella la ira de Dios con una fuerza muy superior que sobre los que nunca han profesado ser santos.
Los que sean santificados por la verdad demostrarán que ésta ha producido una reforma en sus vidas, y que los está preparando para ser trasladados al mundo celestial. Pero mientras en la vida predominen el orgullo, la envidia y las malas conjeturas, Cristo no podrá reinar en el corazón. Su amor no estará presente en el alma. En la vida de los que han llegado a ser participantes de la naturaleza divina, hay evidencia de que se ha crucificado el espíritu altivo y autosuficiente que conduce a la exaltación del yo. En su lugar mora el espíritu de Cristo, y los frutos del Espíritu aparecen en la vida. Cuando poseen la mente de Cristo, sus seguidores revelan las gracias de su carácter.
Nada menos que esto hará que los seres humanos sean aceptables delante Dios. Nada menos que esto les permitirá desarrollar el carácter puro y santo que deben poseer los que hayan de ser admitidos en el cielo. Tan pronto como un individuo se reviste de Cristo, su espíritu y sus palabras dan evidencias del cambio operado en él. Su alma queda rodeada por la atmósfera divina; porque Cristo mora en su interior.
“De cierto, de cierto os digo—declaró Cristo—: El que cree en mí, tiene vida eterna”. Juan 6:47. ¡Oh, cuán pocos revelan en sus vidas los principios de esta vida! Profesan creer la verdad más sagrada que jamás haya sido confiada a los mortales, pero en sus vidas deshonran a Dios. “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él”. Vers. 54-56… A nosotros nos corresponde vivir en el temor y el amor de Dios. Dios es supremo y colabora con las personas que representan a Cristo en su vida y carácter, los que son amables, bondadosos, abnegados y altruistas. Cristo dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Mateo 16:24.—Carta 62, 1903.

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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