13 de septiembre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Dios da gracia a los que creen su palabra

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6.

Se me ha mostrado que muchos tienen ideas confusas con respeto a la conversión.
A menudo han oído repetir desde el púlpito las frases: “Es necesario nacer otra vez”. “Deben tener un nuevo corazón”. Estas expresiones los han preocupado.
No podían comprender el plan de salvación.
Muchos han marchado a los tumbos hacia la ruina debido a las erróneas doctrinas enseñadas por algunos pastores concernientes al cambio que ocurre en la conversión. Algunos han vivido en la tristeza durante muchos años, esperando alguna señalada evidencia de que eran aceptados por Dios. Se han separado en gran medida del mundo, y hallan placer en asociarse con el pueblo de Dios; sin embargo no osan profesar a Cristo, porque temen que sería presunción decir que son hijos de Dios. Están esperando el cambio extraordinario que han sido inducidos a creer que está relacionado con la conversión.
Después de un tiempo, algunos de éstos reciben evidencia de su aceptación por parte de Dios, y entonces son inducidos a identificarse con su pueblo. Ellos hacen datar su conversión desde ese tiempo. Pero se me ha mostrado que fueron adoptados en la familia de Dios antes de ese tiempo. Dios los aceptó cuando sintieron dolor por el pecado, y habiendo perdido su deseo por los placeres del mundo, resolvieron buscar a Dios fervientemente. Pero al no comprender la sencillez del plan de salvación, perdieron muchos privilegios y bendiciones que podrían haber
reclamado si solamente hubieran creído, cuando por primera vez se volvieron a Dios, que él los había aceptado.
Otros caen en un error aún más peligroso. Son gobernados por los impulsos.
Sus simpatías se despiertan y consideran esta irrupción de sentimientos como una evidencia de que son aceptados por Dios y están convertidos. Pero los principios de su vida no han cambiado. Las evidencias de una genuina obra de gracia en el corazón han de fundarse, no en los sentimientos, sino en su vida. “Por sus frutos”, dijo Cristo, “los conocerán”…
La obra de la gracia en el corazón no es una obra instantánea. Se efectúa por medio de una vigilancia continua y cotidiana y creyendo en las promesas de Dios.
A la persona arrepentida y creyente, que alberga fe y anhela con fervor la gracia renovadora de Cristo, Dios no la devolverá vacía. Le dará gracia. Y los ángeles ministradores la ayudarán mientras persevera en sus esfuerzos para avanzar.—El Evangelismo, 211, 212.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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