13 de septiembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Sin cesar y sin cejar

«Yo soy […] celoso de Dios como todos ustedes lo son hoy». Hechos 22: 3, NBLH

COMO PUEBLO, NO CARECEMOS de talento. Entre nosotros hay hombres y mujeres cuyas labores Dios aceptaría si ellos se ofrecieran para trabajar por él, pero son muy pocos los que están dispuestos a sacrificarse. Algunos aportan con buena voluntad de sus bienes y creen que cuando lo han hecho, no se requiere nada más de ellos. Al hacerlo no realizan ningún sacrificio especial. La contribución monetaria es buena hasta donde su bondad alcanza, pero a menos que vaya acompañada del esfuerzo personal, no hará mucho para convertir las almas a la verdad.
El Señor no pide únicamente nuestro dinero, […] sino a nosotros mismos. Si solamente damos nuestro dinero, manifestamos egoísmo reservándonos a nosotros mismos. Un obrero honesto en la viña del Señor vale más que un millón de dólares, cuando sé carece del agente que realice el trabajo. La dádiva de nosotros mismos no será un sacrificio si estimamos debidamente la obra y nos damos cuenta de sus necesidades. […]
Muchos no se dan cuenta del deber que tienen de hacer todo lo que podrían hacer si quisieran, y que no hacen porque carecen de espíritu de sacrificio. Dios los tendrá por responsables de las almas de sus semejantes. Podrían haber hecho mucho bien en unión con Cristo, y serán llamados a rendir cuentas por el bien que podrían haber hecho y que no lo hicieron.
«La noche viene, cuando nadie puede trabajar» (Juan 9: 4). Satanás es persistente en su constante dedicación en el cumplimiento de su obra. Si no consigue lo que pretende en el primer intento, prueba de nuevo. Planea algo distinto, y actúan con gran perseverancia para poner diversas tentaciones a cada persona, y que caiga en sus trampas. Nunca se desanima tanto como para dejar a alguien en paz. Si los seguidores de Cristo fuésemos así de perseverantes, en nuestros esfuerzos para la salvación de las almas, como lo es Satanás en los suyos para conseguir la pérdida eterna de esas mismas almas, veríamos a centenares aceptando la verdad donde ahora solo vemos una.— General Conference Bulletin, 19 de octubre de 1899.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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