13 de marzo | Una religión radiante | Elena G. de White | La luz del Sol de justicia

«Por toda la tierra salió su voz y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol;y este;como esposo que sale dé su alcoba, se alegra cual gigante para correr el camino». Salmo 19: 4-5

LA BELLEZA DEL MUNDO NATURAL no se percibe hasta que el sol, disipando las tinieblas, lo inunda con su luz. De igual manera, los tesoros de la Palabra de Dios no pueden ser realmente apreciados mientras no nos sean revelados por los iluminadores rayos del Sol de justicia. […] Cuando estudiamos las Escrituras, debemos orar para que la luz del Espíritu Santo ilumine la Palabra, a fin de que veamos y valoremos debidamente sus tesoros.— Palabras de vida del gran Maestro, cap. 8, pp. 84-85.
Todo aquel cuyo corazón haya respondido al toque divino, buscará lo que aumente su conocimiento de Dios, y refine y eleve su carácter. Como una flor se vuelve hacia al sol para que sus brillantes rayos intensifiquen la belleza de sus colores, así se volverá el creyente hacia el Sol de justicia, para que la luz del cielo embellezca su carácter con las gracias del carácter de Cristo.— El Deseado de todas las gentes, cap. 51, pp. 442-443, adaptado.
El amor de Dios «nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús» (Efe. 2: 6). Cuando la bendita luz del Sol de justicia resplandezca en nuestro corazón, descansaremos en paz y gozo en el Señor, lo alabaremos, y exaltaremos a Aquel que es nuestra salvación y nuestro Dios. Ensalcémoslo pues, no solo de palabra, sino mediante la consagración a él de todo lo que somos y tenemos.— Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 477.
«Ciertamente viene el día, ardiente como un horno, y serán estopa todos los soberbios y todos los que hacen maldad […], y no les dejará ni raíz ni rama. Mas para nosotros, los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia y en sus alas traerá salvación.Saldréis y saltaréis como becerros de la manada». Malaquías 4: 1-2

UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristana feliz
Elena G. de White

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