13 de enero | Mi vida Hoy | Elena G. de White | Orad siempre

Velad, pues, orando en todo tiempo, que seáis tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir y de estar en pie delante del Hijo del hombre. (Luc.21:36)

Recordad que él se dedicaba a menudo a la oración y que sostenía su vida constantemente la nueva inspiración del Espíritu Santo. Sean vuestros pensamientos y vuestra vida interior tales que no os tengáis que avergonzar de hacer frente al registro de los mismos en el día de Dios.
El cielo no está cerrado contra las fervientes oraciones de los justos. Elías era un hombre que estaba sujeto a las mismas pasiones que nosotros; sin embargo el Señor escuchó sus peticiones, y las contestó en forma asombrosa. La única razón por la cual nos falta poder frente a Dios radica en nosotros mismos. Si la vida interior de muchos que profesan la verdad fuera presentada delante de éstos, no pretendería decir que son cristianos. No están creciendo en gracia. Elevan una apresurada oración de vez en cuando, pero no revelan verdadera comunión con Dios.
Debemos dedicarnos mucho a la oración si queremos progresar en la vida espiritual. ¡Cuánto orábamos cuando se empezó a proclamar el mensaje de la verdad por primera vez! ¡Con cuánta frecuencia la voz intercesora se elevaba en las alcobas y en los galpones, en los huertos y en las arboledas! A menudo pasábamos horas en ferviente oración; éramos dos o tres personas que nos aferrábamos a la promesa; a menudo se oía el eco del llanto, luego la voz de acción de gracia y el himno de alabanza. Ahora el día de Dios está más cerca que cuando creímos, y deberíamos ser más fervorosos, más ardientes que en esos primeros tiempos. Los peligros que nos acechan ahora son mayores que entonces. Las almas están más endurecidas. Necesitamos estar imbuidos del Espíritu de Cristo y no debemos descansar hasta recibirlo. (5T:161-162)
Cultivad la costumbre de conversar con el Salvador… Que el corazón se eleve de continuo en silenciosa petición de ayuda, de luz, de fuerza, de conocimiento. Que cada vez que respiramos, formulemos una plegaria. (MC:511)

DEVOCIONAL MI VIDA HOY
Reflexiones para cada día
Elena G. de White

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Devocional, Mi vida Hoy

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