13 de agosto | Una religión radiante | Elena G. de White | El orgullo de la prosperidad

«Acumulé plata y oro, y tesoros que antes fueron de otros reyes y provincias. Tuve cantores y cantoras, y disfruté de los placeres humanos, ¡habidos y por haber!».Eclesiastés 2: 8, KVG

De noble estirpe durante su juventud, ilustre en su adultez, amado por Dios, Salomón dio inicio a un reinado que auguraba grandes glorias y prosperidad. Las naciones se maravillaban del conocimiento y la perspicacia del hombre a quien Dios había dotado de admirable sabiduría. Pero el orgullo de los triunfadores lo alejó de Dios. Salomón se apartó del gozo de la comunión divina para buscar satisfacción en la sensualidad. El mismo escribió:

«Acometí grandes obras, me edifiqué casas, planté viñas para mí; me hice huertos y jardines, y planté en ellos toda clase de árboles frutales. […] Compré siervos y siervas, […]. Amontoné también plata y oro, y preciados tesoros dignos de reyes y de provincias. Me hice de cantores y cantoras, y de toda clase de instrumentos musicales, y gocé de los placeres de los hijos de los hombres. Fui engrandecido y prosperé más que todos cuantos fueron antes de mí en Jerusalén..[…] Además de esto, conservé conmigo mi sabiduría. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni privé a mi corazón de placer alguno, porque mi corazón se gozaba de todo lo que hacía. […] Miré luego todas las obras de mis manos y el trabajo que me tomé para hacerlas; y he aquí, todo es vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol. Después volví a considerar la sabiduría, los desvarios y la necedad; pues ¿qué podrá hacer el hombre que venga después de este rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho» «Por tanto, aborrecí la vida [.,.]. Asimismo aborrecí todo el trabajo que había hecho debajo del sol» (Ecl. 2: 4-12, 17-18).

Así que después de su amarga experiencia, Salomón conoció la vanidad de una vida que busca su mayor bien en los placeres terrenales.— La educación, cap. 16, pp. 13 6-137.

Mi reflexión personal

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DEVOCIONAL ADVENTISTA

UNA RELIGIÓN RADIANTE

Reflexiones diarias para una vida cristana feliz

Elena G. de White

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