13 de agosto | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White

No nos gloriemos en los hombres

«El Señor conoce los pensamientos de los sabios; sabe que no valen nada. Asi que no se jacten de seguir a un líder humano en particular». 1 Corintios 3: 20-21, NTV

ESTAMOS VIVIENDO EN TIEMPOS de corrupción moral, y los chicos y las chicas pecan con total descaro. A menos que nuestra juventud reciba verdadera protección espiritual, a menos que esté bien fundamentada en firmes principios, a menos que los jóvenes sean sumamente cuidadosos en la elección de sus amistades y de las publicaciones que alimentan su mente, quedarán indefensos frente a una sociedad cuya conducta es tan corrupta como lo era la de los habitantes de Sodoma. […]
Nuestra juventud tendrá que hacer frente a tentaciones de todo tipo, y es preciso que esté tan preparada que dependa de un poder superior, de una enseñanza superior a la que pueden dar los mortales. En todas partes hay quienes desprecian a nuestro Señor y que constantemente se refieren al cristianismo en forma despectiva. […]
Los que no tienen fortaleza moral, no pueden defender la verdad; no tienen valor para decir: «A menos que esta conversación termine, no puedo permanecer con ustedes. Jesús, el Redentor del mundo, es mi Salvador; en él se concentra mi esperanza de vida eterna». Pero esta es exactamente la forma en que se los puede reducir al silencio.
Jóvenes cristianos, si ustedes discuten con ese tipo de gente, ellos tendrán argumentos para hacerles frente, y nada de lo que ustedes puedan decir los impresionará; pero si viven para Cristo, si son firmes a su lealtad al Dios del cielo, podrán hacer por ellos lo que los argumentos no pueden lograr, y los convencerán de la falacia de sus ideas por el poder de la piedad.— Sigas of the Times, 21 de abril de 1890.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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