13 de agosto | Devocional: Alza tus ojos | Quiten la basura de la crítica

Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. 1 Corintios 2:2.

No critiquen a los demás. Este espíritu está consumiendo los órganos vitales del pueblo de Dios. No podemos permitimos acumular desechos. El Cielo ve lo que ocurre como resultado de acumular las inmundicias de las palabras. ¿Qué sucedería si decidiéramos no agregar nada a ese cúmulo de expresiones descuidadas, vanas y tontas? Tenemos que realizar la obra más sagrada y solemne…

Es necesario que erradiquemos el montón de basura que se ha amontonado. ¿Cómo? “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. 2 Corintios 7:1. Cultiven la piedad personal. Dios nos preguntará: “¿Quién ha conocido la mente del Señor?”, para poder instruirnos, y para que podamos decir: “Tenemos la mente de Cristo”. Entonces desaparecerá la inmundicia de las palabras perversas. Que el Señor nos llene de su espíritu y toque nuestros labios con un carbón encendido del altar. Fervientemente, velando, esperando y trabajando, hemos de ser “en lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”. Romanos 12:11.

La iglesia es el único objeto en este mundo en el cual se centra el intenso interés de Cristo, por el cual tiene incesante cuidado. Esta iglesia está comprometida en la tarea de obtener el conocimiento de Dios y Jesucristo, que es vida eterna para todos los que lo reciben. Dios busca en cada alma principios firmes que se revelen en palabras y acciones. Entonces sacarán del tesoro de su casa palabras cargadas con los principios de la verdad eterna.

No tenemos tiempo de alabar al diablo, ni tiempo ni voz para criticar. Hemos de mostrar que la gracia de Cristo mora en nuestros corazones. Su influencia se manifestará, no importa con quienes estemos, por medio de palabras de la más profunda relevancia, que involucren consecuencias tan perdurables como la eternidad.

En esta etapa de la historia terrenal no podemos debilitar nuestra mutua influencia. La lucha cristiana es reñida y difícil. Tenemos que enfrentarnos y combatir con enemigos invisibles, y debemos estar en armonía con los agentes celestiales que están procurando limpiamos de la inclinación a criticar a nuestros hermanos, a ernitir juicio sobre ellos. El Señor desea que permanezcamos bajo el yugo de Cristo…

Hemos de creer y amar la verdad por causa de Cristo. Debemos elevamos más y más en pureza [y] conocimiento. Somos testigos de Cristo. No hablemos entonces de las dificultades ni meditemos en nuestras pruebas, sino acerquémonos al Señor Jesucristo, autor y consumador de nuestra fe. Contemplándolo, estudiando y hablando de El, nos transformamos a su imagen.—Carta 119, del 13 de agosto de 1899, dirigida a [238] un matrimonio que trabajaba en los estados del sur de Estados Unidos.*

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DEVOCIONAL: ALZA TUS OJOS

Elena G. de White

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