13 de abril | Una religión radiante | Elena G. de White | Cantando con alegría a pesar de la carga

«¡Permítenos comenzar el día llenos de tu amor, para que toda la vida cantemos llenos de alegría!
Ya hemos tenido días de tristeza y muchos años de aflicción; ¡devuélvenos esa alegría perdida! ¡Permite que nosotros y nuestros hijos podamos ver tu grandeza y tu poder!». Salmo 90: 14-16. TLA

LES ASEGURO QUE LOS CONFLICTOS y las tristezas que hemos de soportar en el cumplimiento de nuestras obligaciones, movidos por nuestra fidelidad a Cristo, no son obra suya. No nos las impone un mandamiento arbitrario o innecesario, ni proceden de la severidad de la vida que nos exige que llevemos en su servicio. La cantidad y la fuerza de las pruebas serán mayores si no obedecemos a Cristo y nos convertimos en siervos de Satanás y esclavos del pecado.
Cristo nos invita a acudir a él para que pueda aliviar nuestros agobiados hombros del peso que nos abruma y poner sobre nosotros su yugo, que es fácil y su carga, que es ligera. La senda que nos invita a seguir no nos causará dolor, siempre que estemos dispuestos a andar por ella. Cuando nos desviamos de la senda del deber el camino se vuelve empinado y espinoso. Los sacrificios que debemos hacer al seguir a Cristo son solo los pasos necesarios para regresar a la senda de luz, de paz y de felicidad.— Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 551.
«Por aquel entonces dijo Jesús: […] Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso! ¡Pongan mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy sencillo y humilde de corazón! Así encontrarán descanso para su espíritu, porque mi yugo es fácil de llenar, y mi carga ligera’». Mateo 11: 25-30, LPH

UNA RELIGIÓN RADIANTE
Reflexiones diarias para una vida cristana feliz
Elena G. de White

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