12 de septiembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | El fundamento de la iglesia

«La justicia morará en el desierto, y en el campo fértil habitará la rectitud. El producto de la justicia será la paz; tranquilidad y seguridad perpetuas serán su fruto. Mi pueblo habitará en un lugar de paz, en moradas seguras, en serenos lugares de reposo». Isaías 32:16-18, NVI

«POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS» (Mat. 7: 16). El adorno interior de cristiano manso y humilde es de un valor incalculable. En la vida del verdadero creyente el adomo exterior está siempre en armonía con la paz y la santidad interiores. De manera que la iglesia se fundamentará sobre la virtud de sus miembros. El pueblo de Dios ha de mostrar una fe constante e inconmovible. La Biblia es su norma. Ricas corrientes de gracia celestial los iluminarán, y ellos a su vez las impartirán a otros. La verdad ha de proclamarse con toda su fuerza. Los que hacen fielmente esa obra, y guardan los mandamientos de Dios fehacientemente, serán considerados colaboradores de Dios.
«El efecto de la justicia será la paz y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre» (Isa. 32: 17). Desde el principio hasta el final de la historia de la iglesia, Cristo significará para ella todo lo que esas palabras expresan, si esta presta atención a la invitación: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana» (Mat. 11: 28-30, NVI). Jesús es para su pueblo vida y fortaleza, eficiencia y poder, sabiduría y santidad.— General Conference Bulletin, p. 162 (1900).
Si nos sometemos a los requerimientos de Dios, y llegamos a imbuimos de su amor, y llenarnos de su plenitud, los niños, los jóvenes y los nuevos creyentes nos observarán para formarse un concepto de lo que es la piedad práctica; y así podremos ser los instrumentos para guiarlos en la senda de la obediencia a Dios.— Review and Herald, 16 de octubre de 1888.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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