12 de septiembre | Exaltad a Jesús | Elena G. de White | La salvación de los niños

Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta. Proverbios 20:11.

Se necesita mucho estudio y oración ferviente en demanda de sabiduría celestial, para saber cómo tratar con las mentes de los jóvenes, porque hay mucho que depende de la dirección que los padres les den a las mentes y las voluntades de sus hijos. La tarea de conducir sus mentes en la dirección correcta y al tiempo oportuno es una obra de importancia vital, porque su destino eterno puede depender de las decisiones tomadas en algún momento crítico. Entonces, ¡cuán importante es que la mente de los padres se halle tan libre como sea posible de perplejidades, preocupaciones agotadoras por las cosas temporales, para que puedan pensar y actuar con consideración tranquila, sabiduría y amor, y así transformar la salvación de las almas de sus hijos en su primera y más elevada consideración! El adorno interior es el objetivo mayor que los padres debieran tratar de alcanzar para sus amados hijos. Los padres no pueden darse el lujo de permitir que visitantes extraños ocupen su atención, y que al robarles su tiempo—el gran capital de la vida—, impidan que les den cada día a sus hijos la instrucción paciente que necesitan tener para imprimir la dirección correcta a sus mentes en desarrollo.
Esta vida es demasiado corta para que la malgastemos en diversiones vanas y triviales, en visitación no productiva, en despliegues innecesarios de modas de vestir, o en pasatiempos excitantes. No podemos desperdiciar el tiempo que Dios nos ha dado para bendecir a otros y para guardar un tesoro en el cielo para nosotros. Ni siquiera tenemos demasiado tiempo para el desempeño de los deberes necesarios. Necesitamos dedicarle tiempo al cultivo de nuestros propios corazones y mentes para que de este modo seamos capaces de llevar a cabo la obra de nuestra vida. Cometemos una gran injusticia contra nosotros y nuestros hijos cuando descuidamos estos deberes esenciales para adaptarnos a las costumbres y hábitos de la sociedad mundana y voluble.—Testimonies for the Church 3:146.
Las madres tienen el deber de cultivar sus mentes y guardar sus corazones puros. Deberían utilizar todos los medios a su alcance para lograr un desarrollo intelectual y moral, de modo que estén capacitadas para perfeccionar las mentes de sus hijos. Los que se acostumbran a estar constantemente en la compañía de otros, pronto se sentirán inquietos a menos que se encuentren de visita o recibiendo a visitantes. Tales personas no han cultivado la facultad de adaptarse a la circunstancias. Los deberes necesarios y sagrados del hogar les parecen triviales y faltos de interés. No sienten ningún interés por la introspección ni la autodisciplina. Sus mentes sienten hambre por las escenas variadas y excitantes de la vida mundanal…
Si los padres comprendieran que la educación de sus hijos para ser útiles en la vida es un deber solemne que Dios les ha impuesto, si se preocuparan por adornar el templo íntimo de las almas de sus hijos e hijas en preparación para la vida inmortal, veríamos en la sociedad un marcado cambio para bien.—Ibid. 147. La salvación de los niños, 12 de septiembre

DEVOCIONAL EXALTAD A JESÚS
Elena G. de White

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