12 de mayo | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | La paternidad de Dios

«Pues su amor inagotable hacia los que le temen es tan inmenso como la altura de los cielos sobre la tierra. Llevó nuestros pecados tan lejos de nosotros como está el oriente del occidente. El Señor es como un padre con sus hijos, tierno y compasivo con los que le temen. Pues él sabe lo débiles que somos; se acuerda de que somos tan solo polvo». Salmo 103:11-13, NTV

EN TODOS LOS ACTOS llenos de gracia que Jesús realizó, trató de impregnar en la gente los atributos de la paternidad y benevolencia de Dios. En todas sus lecciones trató de enseñar a todo el mundo la maravillosa verdad de que «de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3: 16). Jesús desea que comprendamos el amor del Padre, y trata de acercamos a él presentándonos su gracia paterna. El desea que toda nuestra vida esté llena de la perfección del carácter de Dios. En su oración por los discípulos dijo: «Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciera. […] He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste» (Juan 17: 4, 6).

Jesús vino al mundo para modelar el carácter de Dios en su propia vida, y eliminó todas las falsas interpretaciones que Satanás había elaborado, y reveló la gloria de Dios. Solamente al vivir entre las multitudes podía revelar la misericordia, la compasión y el amor de su Padre celestial; porque únicamente mediante actos de bondad podía manifestar la gracia de Dios. La incredulidad de los seres humanos estaba profundamente arraigada, y no obstante, no podían resistir el testimonio de su ejemplo divino, y de sus obras llenas de amor y verdad.— The Youth’s Instructor, 15 de diciembre de 1892.

Dios es amor, y cuida de nosotros. «Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos» (Sal. 103: 13, NVI).— The Youth’s Instructor, 14 de diciembre de 1893.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS

Elena G. de White

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