Ser semejante a Jesús - Devocional - Elena G. de White

Ser semejante a Jesús – Devocional – Elena G. de White

12 de junio | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Aun los pecados “pequeños” tienen grandes consecuencias

La integridad de los rectos los encaminará; pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos. Proverbios 11:3.

Cristo dijo: “No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos… Así que, por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7:18, 20. Los hechos de la vida de las personas son los frutos que llevan. Si son infieles, y les falta honradez en las cosas temporales, producen espinas y cardos; serán infieles en la vida religiosa y robarán a Dios en los diezmos y las ofrendas. La Biblia condena en los términos más enérgicos toda mentira, trato falso e improbidad. Lo bueno y lo malo se manifiestan claramente. Pero se me mostró que el pueblo de Dios se ha puesto sobre el terreno del enemigo, ha cedido a sus tentaciones y ha seguido sus designios hasta que sus sensibilidades han quedado terriblemente embotadas. Una ligera desviación de la verdad, una pequeña variación de los requisitos de Dios, no se considera tan pecaminosa cuando entraña ganancia o pérdida pecuniaria. Pero el pecado es pecado, ya lo cometa el millonario o el mendigo de la calle. Los que obtienen propiedades por medio de la falsedad están trayendo condenación sobre su alma. Todo lo que se obtenga por medio del engaño y el fraude será tan sólo una maldición para quien lo reciba.

Adán y Eva sufrieron las terribles consecuencias resultantes de desobedecer la orden expresa de Dios. Podrían haber razonado: Este es un pecado muy pequeño, y nunca será tenido en cuenta. Pero Dios trató el asunto como un mal terrible, y la desgracia de su transgresión se sentirá a través de todos los tiempos. En la época en que vivimos, los que profesan ser hijos de Dios cometen con frecuencia pecados de mayor magnitud. En las transacciones comerciales, los que profesan ser hijos de Dios dicen mentiras, obran en consecuencia y atraen el desagrado de Dios sobre ellos y el oprobio sobre su causa.

La menor desviación de la veracidad y la rectitud es una transgresión de la ley de Dios. El participar continuamente en el pecado acostumbra a la persona a hacer mal, pero no disminuye el carácter gravoso del pecado. Dios estableció principios inmutables que él no puede cambiar sin una revisión de toda su naturaleza. Si la Palabra de Dios fuese estudiada fielmente por todos los que profesan creer la verdad, éstos no serían enanos en las cosas espirituales. Los que desprecian los requerimientos de Dios en esta vida no respetarían su autoridad si estuviesen en el cielo.—Joyas de los Testimonios 1:511, 512.

DEVOCIONAL SER SEMEJANTE A JESÚS

Elena G. de White

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