12 de febrero | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Su cumplimiento es amor

«El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor». Romanos 13:10

¡CUÁNTOS Y CUÁNTOS se encuentran faltos de amor! ¡Ojalá el amor desarraigue del corazón el odio, la envidia y las contiendas, y la raíz de amargura que contamina a tantos! Nunca se puede recibir el amor de Jesús, ni puede ser derramado en el corazón, mientras no desaparezcan el rencor, el odio, los celos y las malas sospechas. […]
Muchos se engañan a sí mismos, porque el principio del amor no mora en el corazón. Pueden cerrar los ojos a sus propios errores y defectos, pero no pueden engañar a Dios. Esas personas necesitan experimentar una reforma. El arado de la verdad debe hacer surcos profundos en nuestro corazón orgulloso, y despedazar el duro terrón de nuestra naturaleza no santificada, para que el espíritu y el amor de Jesús puedan ser implantados en el corazón. El tiempo pasa rápidamente, y pronto será traída a juicio toda obra, y nuestros pecados o nuestros nombres serán borrados del libro de la vida. […]
El amor puro es sencillo en su obra, y separado de todo otro principio de acción. Cuando se mezcla con motivos terrenales e intereses egoístas, deja de ser puro. Dios considera más con cuánto amor actuamos, que la grandeza de nuestras obras.
El amor es un atributo celestial. El corazón natural no puede originarlo. Esta planta celestial solamente florece donde Cristo reina supremo. Donde existe amor, allí hay poder y verdad. Dios hace el bien y solo el bien. Los que tienen amor llevan fruto de santidad, y finalmente reciben la vida eterna.— The Youth’s Instructor, 13 de enero de 1898.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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