11 de octubre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Deben observarse condiciones para tener buena salud

Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador. Éxodo 15:26.

Cristo había sido Guía y Maestro del antiguo Israel, y le enseñó que la salud es la recompensa de la obediencia a las leyes de Dios. El gran Médico que sanó a los enfermos en Palestina había hablado a su pueblo desde la columna de nube, diciéndole lo que debían hacer y lo que Dios haría por ellos Éxodo 15:26… Cristo dio a Israel instrucciones definidas acerca de sus hábitos de vida y le aseguró:
“Y quitará Jehová de ti toda enfermedad”. Deuteronomio 7:15. Cuando el pueblo cumplió esas condiciones, se le cumplió la promesa: “No hubo en sus tribus enfermo”. Salmos 105:37.
Estas lecciones son para nosotros. Hay condiciones que deben observar todos los que quieran conservar la salud. Todos deben aprender cuáles son esas condiciones.
Al Señor no le agrada que se ignoren sus leyes, naturales o espirituales.
Hemos de colaborar con Dios para devolver la salud al cuerpo tanto como al alma.
Y debemos enseñar a otros a conservar y recobrar la salud. Para los enfermos debemos usar los remedios que Dios proveyó en la naturaleza, y debemos señalarles a Aquel que es el único que puede sanar. Nuestra obra consiste en presentar los enfermos y dolientes a Cristo en los brazos de nuestra fe. Debemos enseñarles a creen en el gran Médico. Debemos echar mano de su promesa, y orar por la manifestación de su poder. La misma esencia del evangelio es la restauración, y el Salvador quiere que invitemos a los enfermos, los imposibilitados y los afligidos a echar mano de su fuerza.
El poder del amor estaba en todas las obras de curación de Cristo, y únicamente participando de ese amor por la fe podemos ser instrumentos apropiados para su obra. Si dejamos de ponernos en relación divina con Cristo, la corriente de energía vivificante no puede fluir en ricos raudales de nosotros a la gente…
Una de las primeras condiciones para recibir su poder consiste en tomar su yugo. La misma vida de la iglesia depende de su fidelidad en cumplir el mandato del Señor. Descuidar esta obra es exponerse con seguridad a la debilidad y decadencia espirituales. Donde no hay labor activa por los demás, se desvanece el amor y se empaña la fe.—El Deseado de Todas las Gentes, 764, 765.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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