11 de noviembre | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | Los ángeles en el cielo adoran con nosotros

Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra… oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Apocalipsis 5:13.

La iglesia de Dios en la tierra es una con la iglesia de Dios en el cielo. Los creyentes en la tierra y los seres del cielo que nunca han caído constituyen una sola iglesia. Todo ser celestial está interesado en las asambleas de los santos que en la tierra se congregan para adorar a Dios en espíritu y en verdad y en la belleza de la santidad. En el atrio interior del cielo escuchan el testimonio que dan los testigos de Cristo en el atrio exterior de la tierra, y las alabanzas de los adoradores de este mundo hallan su complemento en la antífona celestial, y el loor y el regocijo repercuten por todos los atrios celestiales porque Cristo no murió en vano por los caídos hijos de Adán.
Mientras los ángeles beben en el manantial principal, los santos de la tierra beben los raudales puros que fluyen del trono y alegran la ciudad de nuestro Dios. ¡Ojalá que todos pudiesen comprender cuán cerca está el cielo de la tierra!
Aun cuando los hijos nacidos en la tierra no lo saben, tienen ángeles de luz por compañeros; porque los mensajeros celestiales son enviados para ministrar a los que serán herederos de salvación.
Un testigo silencioso vela sobre toda alma tratando de ganarla y atraerla a Cristo. Los ángeles nunca dejan a los tentados que sean presa del enemigo que destruiría el alma de hombres y mujeres si se le permitiera. Mientras hay esperanza, hasta que los seres humanos resistan al Espíritu Santo para eterna ruina suya, son guardados por los seres celestiales.
Recordemos todos que en cada asamblea de los santos realizada en la tierra, hay ángeles de Dios escuchando los testimonios, los himnos y las oraciones.
Recordemos que nuestras alabanzas quedan suplidas por los coros de las huestes angélicas en lo alto.
La imagen de Cristo, grabada sobre el corazón, será reflejada día tras día en el carácter y en la vida práctica, porque representamos a un Salvador personal.
Se promete el Espíritu Santo a todos los que lo pidan. Cuando escudriñan las Escrituras, el Espíritu Santo está a su lado, representando a Jesucristo.
Si le abrimos la puerta a Jesús, vendrá y morará con nosotros. Nuestra fuerza siempre será reforzada por su representante presente, el Espíritu Santo.—The General Conference Bulletin, 15 de febrero de 1895. Ver Joyas de los Testimonios 3:32.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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