11 de noviembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | El talento y la espiritualidad

«A estos cuatro jóvenes Dios los dotó de sabiduría e inteligencia para entender toda clase de literatura y ciencia.
Además, Daniel podía entender toda visión y todo sueño». Daniel 1:17, NVI

MUCHOS JÓVENES […] NO CONSIGUEN PROGRESAR. Les gustaría leer, escribir y expresarse correctamente; pero el precio de la excelencia es trabajo duro, y no lo quieren pagar. Me recuerdan al joven cuyo padre lo envió a la escuela y le proporcionó todas las ventajas necesarias para obtener una buena educación. Pero el muchacho descuidó el estudio, aduciendo que su padre era capaz de enseñarle lo necesario, y que no necesitaba estrujarse tanto el cerebro. Sin duda todos diremos inmediatamente que siguió siendo un ignorante, pues no existe camino fácil para la adquisición del conocimiento. Será igualmente inútil anhelar una experiencia religiosa genuina sin efectuar un esfuerzo sincero y abnegado.
El hecho de que suspiremos a causa de nuestra ignorancia de las verdades divinas, jamás nos hará aptos para la salvación. Hay diez mil lágrimas y perezosos suspiros orientados hacia el cielo, que jamás obtendrán una sonrisa de aprobación de lo alto. No pensemos que la experiencia cristiana se producirá como por arte de magia. Cuando nos decidamos a hacer algo de todo corazón, no claudiquemos ante las dificultades sino intentémoslos una y otra vez […], y no dejaremos de recibir la recompensa.— The Youth’s Instructor, 30 de enero de 1884.
La ignorancia de muchos es voluntaria… e inexcusable.— General Conference Bulletin, p. 3 (1900).
Daniel y sus tres compañeros […] eran muy equilibrados, porque se habían sometido a la dirección del Espíritu Santo. Aquellos cuatro jóvenes dedicaron a Dios sus talentos seculares y de las ciencias, así como los del espíritu. No consiguieron su sabiduría por casualidad. Obtuvieron el conocimiento gracias al uso fiel de sus facultades; y el Señor les concedió habilidad y entendimiento. […] Fueron leales a Dios y el Señor los sostuvo y los honró.— Carta 57, 1896.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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