11 de febrero | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Cristo glorificó la ley

«Le agradó al Señor, por amor a su justicia, hacer su ley grande y gloriosa». Isaías 42: 21, NVI

A LEY DEL GOBIERNO DIVINO iba a ser supremamente engrandecida por la muerte del unigénito Hijo de Dios. Cristo llevó la culpa de los pecados del mundo. Nuestra suficiencia se encuentra únicamente en la encamación y la muerte del Hijo de Dios. Pudo sufrir, porque estaba sostenido por la Divinidad; pudo vencer, porque no tenía la menor mancha de deslealtad o pecado. Cristo triunfó en lugar nuestro al soportar de este modo la justicia del castigo. Aseguró vida eterna para la raza humana, al mismo tiempo que glorificó la ley de Dios y la honró.— The Youth’s Instructor, 4 de agosto de 1898.
Todo el mundo tiene la obligación de seguir las pisadas de Cristo, el gran Ejemplo de la familia humana. Jesús dijo: «He guardado los mandamientos de mi Padre» (Juan 15: 10). Los fariseos pensaban que pretendía debilitar los requerimientos de la ley de Dios, pero su voz resonó en sus oídos diciendo: «No crean que vine a quitar la ley ni a decir que la enseñanza de los profetas ya no vale. Al contrario: vine a darles su verdadero valor. Yo les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni siquiera un punto o una coma se quitará de la ley, hasta que todo se cumpla» (Mat. 5: 17, 18, TLA).
Cristo vino a engrandecer la ley y a honrarla; vino a hacer gloriosos los antiguos mandamientos que tenemos desde el principio. Por eso necesitamos la ley y los profetas. Necesitamos el Antiguo Testamento para que nos lleve al Nuevo, que no toma el lugar del Antiguo, sino que nos revela en forma más clara el plan de salvación, dándole sentido a todo el sistema de sacrificios y ofrendas, y a la Palabra que tenemos desde el principio.— The Youth’s Instructor, 8 de noviembre de 1894.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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