11 de agosto | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White

El poder de Dios se ejerce constantemente en la naturaleza

¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con la balanza y con pesas los collados? Isaías 40:12.

Dice el salmista: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz”. Salmos 19:1-3.
Algunos quizá supongan que estas grandes cosas del mundo natural son Dios.
No son Dios. Todas estas maravillas de los cielos tan sólo están haciendo la obra que les ha sido señalada. Son los instrumentos del Señor. Dios es el que vigila la marcha de todas las cosas, así como fue su Creador. El Ser divino se ocupa en sostener las cosas que ha creado. La misma mano que sostiene y equilibra las montañas en su posición, guía los mundos en su misteriosa marcha alrededor del sol.
Apenas si hay alguna función de la naturaleza a la que no encontremos referencia en la Palabra de Dios. La Palabra declara que “hace salir su sol” y “hace llover” (Mateo 5:45), “hace a los montes producir hierba… Da la nieve como lana, y derrama la escarcha como ceniza… Enviará su palabra y los derretirá; soplará su viento y fluirán las aguas” Salmos 147:8, 16-18. “Hace los relámpagos para la lluvia; saca de sus depósitos los vientos”. Salmos 135:7.
Estas palabras de las Sagradas Escrituras no dicen nada de la independencia de las leyes de la naturaleza. Dios proporciona la materia y las propiedades con las cuales llevar a cabo sus planes. Emplea sus instrumentos para que pueda florecer la vegetación. Envía el rocío, la lluvia y la luz del sol para que brote el verdor y extienda su tapiz sobre la tierra; para que los arbustos y los frutales puedan retoñar y florecer, y dar frutos.
No se ha de suponer que es puesta en movimiento una ley para que la semilla obre por sí misma, para que aparezca la hoja porque así debe hacerlo por sí misma.
Dios tiene leyes que ha instituido, pero éstas son sólo los siervos mediante los cuales él obra los resultados. Mediante los agentes inmediatos de Dios, cada semillita se abre paso a través de la tierra y brota a la vida. Crece cada hoja y florece cada flor por el poder de Dios.—Mensajes Selectos 1:345, 346.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS
Elena G. de White

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