11 de agosto | Maranata: El Señor viene | Elena G. de White | En armonía con su ley

Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón. Salmos 119:34.

En el nuevo nacimiento el corazón viene a quedar en armonía con Dios, al estarlo con su ley. Cuando se ha efectuado este gran cambio en el pecador, entonces ha pasado de muerte a vida, del pecado a la santidad, de la transgresión y la rebelión a la obediencia y a la lealtad… Falsas teorías sobre la santificación, debidas a que no se hizo caso de la ley divina, o se la rechazó, desempeñan importante papel en los movimientos religiosos de nuestros días. Esas teorías son falsas en cuanto a la doctrina y peligrosas en sus resultados prácticos, y el hecho de que hallen tan general aceptación hace doblemente necesario que todos tengan una clara comprensión de lo que las Sagradas Escrituras enseñan sobre este punto.
La doctrina de la santificación verdadera es bíblica. El apóstol Pablo, en su carta a la iglesia de Tesalónica, declara: “Esta es la voluntad de Dios, es a saber, vuestra santificación”. Y ruega así: “El mismo Dios de paz os santifique del todo”. 1 Tesalonicenses 4:3; 5:23 (VM). La Biblia enseña claramente lo que es la santificación, y cómo se la puede alcanzar. El Salvador oró por sus discípulos:
“Santifícalos con la verdad: tu Palabra es la verdad”. Juan 17:17 (VM). Y San Pablo enseña que los creyentes deben ser santificados por el Espíritu Santo. Romanos 15:16. ¿Cuál es la obra del Espíritu Santo? Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando viniere aquél, el Espíritu de verdad, él os guiará al conocimiento de toda verdad”. Juan 16:13 (VM). Y el salmista dice: “Tu ley es la verdad”. Por la Palabra y el Espíritu de Dios quedan de manifiesto ante los hombres los grandes principios de justicia encerrados en la ley divina. Y ya que la ley de Dios es santa, justa y buena, un trasunto de la perfección divina, resulta que el carácter formado por la obediencia a esa ley será santo. Cristo es ejemplo perfecto de semejante carácter… Los discípulos de Cristo han de volverse semejantes a él, es decir, adquirir por la gracia de Dios un carácter conforme a los principios de su santa ley. Esto es lo que la Biblia llama santificación.
Esta obra no se puede realizar sino por la fe en Cristo, por el poder del Espíritu de Dios que habite en el corazón.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 521-523.

DEVOCIONAL MARANATA: EL SEÑOR VIENE
Elena G. de White
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